martes, 11 de mayo de 2010

Fuego: El lagarto y las llamas, Caminar hacia el viaje

Saludos a todos! les dejo con dos nuevisimos poemas, uno no tanto, de hecho el lector atento notara la reutilizacion de viejo material! Bueno, la idea es que estos dos poemas formaran parte de una de mis antologías, esta estará dedicada a los temas del misterio y la busqueda! saludos a todos! no tengo mucho tiempo por ahora para pasar a saludar a mis amigos "bloggeros" apenas puedo, paso y comento! paciencia!

Fuego: Las llamas y el lagarto

Llamas
Prende fuego la ciudad
El calor derrite las veredas
Incinera a la luna una llama

Incandescente
el mundo se vuelve

Ardemos
en nuestro pequeño apocalipsis


(Arden también
las raíces profundas de la tierra
donde el lagarto verde
se enrolla sobre sí mismo
se muerde la cola
se hace fósil
)


Prende fuego la existencia
Hasta el cielo mil lenguas de fuego se alzan

El último átomo del universo ARDE


Se desenrosca el fósil

RENACEMOS.

Caminar hacia el viaje

Caminar al epicentro de mis entrañas
Dejar atrás la fragilidad
Llegar más allá del engaño

Ser nudo de horas y de pasos
Ser tropiezos y gritos

Caminar hacia el viaje
El movimiento perpetuo de las almas

Ser el eterno viandante
El enigma descifrado


Caminar hacia el viaje
El jeroglífico en mi pecho
Incommensurable intensidad
Consumada
Devorada
En la larga letanía de los cielos:
los estratos nubosos de mi mente

Caminar al centro de mis entrañas
La púrpura explosion de la vida
Los espirales que sostienen al mundo

Ser camino
La urdimbre que se libera de la brea
Ser átomo arrojado al vacío
Ser frase aíslada en el texto
Ser el sentido
único habitante de las cavernas


Ser


El imposible nudo de mi carne

El jeroglífico en el cielo

El ave del paraíso y su eterno vuelo


Planeamos
Planean
Dentro de mí


Mis entrañas


el lagarto

martes, 27 de abril de 2010

Sobre la escritura: Sólo un Ejército de Monos; Escribir

Sólo un ejército de monos

Aquí estoy otra vez


Desafiándome nuevamente

Mirándome sarcástico


Con una risa que se aprieta irónica en los colmillos de mi sonrisa

Que se enrolla como cola en mi torso


Desafío desde la cima de mi vanidad

con un gesto altanero

nuestros siglos de catástrofes

nuestra hilera de matanzas



Desafío así como a la pasá’

Como mirando pa’ otro

lado

Los amores que se vuelan prendidos de multicolores globos aerostáticos



Desafiar constantemente las fronteras y los bordes

Los márgenes que delimitan nuestras caminatas


Desafíos en carcajadas envueltos

Imprecaciones lanzadas al vacío

Desafíos de ironía y sarcasmo



Superar siempre los límites

Ir más allá del propio vacío

No tener miedo del propio delirio



Desafío en un gesto sólo

En un solo movimiento que revienta todas mis grietas

esos paisajes infinitos y baldíos que pueblan mi pecho

Desafío con una sola befa mirada

ese archipiélago de inconmensurables distancias entre orilla y orilla


Arrogancia


La arrogancia de la creación


La vanagloria hinchada y absurda

De un chimpancé en el árbol de su fantasía encaramado


¡¡Uh- Uh-há-há!!


¿Quién vendrá a disputar mi corona de bananas?


¿Quién vendrá a intentar arrebatarme este cetro de piojos?



Escribir

Escribir

Dejar escapar el rumor que me devora

detenerme a observar el presente

mezclar mi sangre y mi tinta


Viaja mi mano sobre la hoja

Viaja mi mente en mi alma


Catapulta la escritura mi mente hacia el cosmos

Flotan mis palabras en el tiempo

Navega mi consciencia el espacio infinito


Recorren mis pies las veredas de la ciudad

Circulan las frases por mis venas


Viajo por la vida y escribo

En un cuarto encerrado

En una biblioteca con estudiantes alrededor


Escribo contemplo la ciudad amanece

Sumergir mi vida en su quehacer cotidiano


Bocinas

Gritos

Atrasos

Cartereos

Besos

Jumpers

chocopanderos


Escribir

Viaja mi escritura escrutando el universo

Viaja mi mente a través de los ocasos

Viajo por mi vacío y escribo

Sumergirme en el tibio frío del presente


Sueños

Angustias

Caricias

Palabras

Lejanías

Decisiones


Catapulta la escritura mi cuerpo en la muchedumbre

Flota mi vida en las avenidas repletas

Navegan mis pies los mares de asfalto de la ciudad


Recorro en un sueño lúcido

El entramado de mis venas

El tejido de mis días

Las hojas llenas de mi vida

Mi vagabundear

Mi rostro

Mi espejo

Mi escritura

Mi ser

Yo

Flotando

En mi universo de palabras



escribiendo

domingo, 18 de abril de 2010

Memoria, Curva, Inquietud, Ausencia

Memoria

Antigüedad breve susurro
Mareas largos eones

Eras fluyente murmullo

Pétrea anidada memoria



Curva

Frágil dócil belleza de plumas

Curvatura sutil

profunda ternura humana

Temerosa grácil

nuestra envuelta naturaleza

Afecto
esperanza en nuestras venas


Ahí, en la curvatura de las almas
Espera


Inquietud


Se agitan las aguas en el fondo del pozo

Círculos concéntricos

La calma
por leves golpes desecha

Resuenan las oraciones en la cripta
Las voces y su monótono canto

Desciende desde lo alto la liturgia

Velas y candelabros

Concéntrico monocorde rumor

Circunferencia de piedra

Tenue débil luz


Inquietud en medio al silencio



Ausencia

Sin pupilas me observaba

Sin ojos me miraba

Un rostro vacío

Una masa informe sin lineamientos

Una planicie pálida en lugar de los pómulos

Apagadas vacías cuencas árido amorfo desierto

Su no mirada,
sin embargo
Encerraba la duda existencial
La eterna angustia
La hueca profundidad de una ausente presencia

miércoles, 7 de abril de 2010

La República de las Tres Islas, CAP. V, Vivir Arrojado, CAP. II

Le doy una pausa a mipoesía para retomar la narrativa. Prosigue La República de las Tres Islas (quien se adentre por primera vez en esta historia debería acceder al primer capítulo a través del índice que se encuentra a la derecha del blog, o de las entradas al final de cada post), ¿qué decidirá finalmente Nuspano?

Termina también aquí el relato breve Vivir Arrojado, quien deba comenzarlo desde el inicio, encontrará el enlace en el índice del blog.

¡Comenten y critiquen!


Capítulo V, La República de las Tres Islas.

V

El rumor incesante en los pasillos y el patio resonaba extraño dentro del silencio. Era como si llegará desde el más allá, desde otra dimensión, desde un mundo extraño, desde un mundo que a Nuspano se le revelaba minuto tras minuto como una realidad completamente ajena.

Su rostro se escondía tras sus manos, sus codos se apoyaban en el escritorio. Lejos, el sol se escondía tras el horizonte y la figura solitaria del senador de la provincia de Dodara se perdía entre las tinieblas que comenzaban a envolverlo.

Del cajón de su escritorio extrajo papel, una pluma y tinta. De algún modo debía ordenar sus ideas. O por lo menos darle una salida a la angustia que se revolvía en su estómago, que trepaba por su garganta.

Por un lado, el mundo parecía estar al borde de la barbarie. La guerra llama a la guerra y así la sangre correría y correría.

Un baño de sangre.

Lo escribió con grande y bella caligrafía, ocupando una hoja completa.

Un baño de sangre, pensó para sus adentros, meditabundo

Por otro lado, el mismo había llegado al extremo de una crisis personal. Había acariciado por unos momentos la sensación del poder. Se ilusionó, cuando ya estaba más allá de toda esperanza, con que algo de poder había ido a dar a sus manos, y que ahora podría torcer el rumbo de los acontecimientos, influir de modo tal que su paso por el senado tuviera algún sentido, pero se había engañado una vez más.

El día que había comenzado su mandato, el día en que ocupó el mismo despacho en el cual estaba ahora, pensó que entraba a participar del poder que ordenaba el mundo, que el poder estaba de algún modo encarnado en la institución misma, en el edificio, en el congreso, pero aquello no tardó en revelarse como una ilusión. La ilusión de los marginados, de los que viven en la periferia, en los rincones olvidados del mundo. Amargamente pudo comprobar que si en la venerada institución del parlamento residía algún poder, él no era participe. De ningún modo. No tardo en percibir como las decisiones no eran tomadas ahí, y como no eran ni el cargo que se ocupaba, ni su voto los que determinaban el verdadero uso del poder. No tardó en observar como sólo los que poseían poder fuera del parlamento, lo tenían también dentro, no tardó en ver como residía en la persona, y no en la institución, no era en las leyes, o en el cargo que se ocupaba, lo que fundaba la personal cuota de poder.

Y ahora el mundo marchaba hacia un baño de sangre. Y se volvía a preguntar que había pasado con ese efímero poder que había pasado por sus manos. La relación de fuerzas había cambiado en un cierto momento y se vio a sí mismo con la facultad de decidir. El cambio producido en el orden, los senadores que votaron contra su propio partido, otros que anularon o que no obedecieron las órdenes, lo habían desplazado del margen al centro. Había sido, por una tarde, la vedette estrella del congreso, con la que todos quieren estar. Y ahora estaba de nuevo inmóvil, impotente, con el mismo poder que su secretario, o tal vez menos.

¿Dónde esté el poder?

Lo escribió justo debajo de la frase anterior, en caracteres más pequeños.

El secretario se asomó para avisar que se retiraba.

Afuera era ya noche cerrada, pero la actividad, aunque disminuida, continuaba.

Evitar el baño de sangre. Al menos, a pesar de todo, le quedaba esa convicción. Pensó en Gadaré. Incluso el estaba dispuesto a enviar a su gente al matadero. ¿Por qué? Y sobretodo, ¿por qué el mismo se había dejado convencer tan fácilmente? El voto universal era sin duda el gran ideal del movimiento, ¿pero valía la pena conseguirlo a ese precio? ¿Podrían continuar afirmando los mismos valores luego de la masacre? ¿Podrían acercarse al ideal con las manos manchadas? ¿Era realmente capaz el anciano Gadaré, de renunciar a todo con tal de conseguirlo?

La figura de Nuspano cobraba un aire tétrico entre las penumbras que lo envolvían. Envuelto en sus meditaciones olvidó prender alguna vela, dejándose envolver por las sombras. Se sentía profundamente cansado. Agotado por las discusiones y las emociones de la jornada. Sus párpados tendían a cerrarse. De fuera llegaba el sonido de pasos apresurados por el corredor, del patio ascendía el rumor de las conversaciones como un murmullo que lo arrullaba. De improviso, la habitación le pareció un poco más oscura, como invadida por una oscuridad impenetrable. Los sonidos cesaron. Nuspano se vio aprisionado en el más profundo silencio y en la más absoluta oscuridad y un cierto temor recorrió su espalda, como una gota de sudor frío.

Alzo la vista y de pronto fue como si en una de las paredes las penumbras desaparecieran, mostrando tras de sí la imagen del cuadro con los pescadores y sus esposas.

Ahí estaban una vez más los hombres empujando el bote por la arena, y las mujeres esperándolos. Pero de pronto, el cuadro pareció oscurecerse en ciertos sectores, era como si un líquido oscuro cayera sobre él, deslizándose lentamente hacia abajo, cubriendo los cuerpos de los personajes, manchando la arena de la playa.

Se levantó. Se acercó con pasos dubitativos. El líquido escurría ya por la pared. Sus dedos lo tocaron, explorándolo. Era una sustancia relativamente espesa y viscosa. Apoyó sus manos en el cuadro, para limpiarlo, no quería ver esos personajes que tanto amaba en el fondo de su alma, ocultos, manchados. Y de pronto la luz volvió, y se vio las manos rojas. Completamente rojas. Manchadas con sangre. Y vio el cuadro, cubierto de sangre, y la pared ensangrentada y la sangre escurría ya por el piso, llegando a sus pies, mientras él observaba atónito sus manos manchadas, manchadas con la sangre del pueblo y gritó y abrió los ojos y se alivió al entender que había sido una pesadilla, sólo una horrible pesadilla.

(Continua)


Vivir Arrojado Cap. II


Retomamos así el relato. Nuestro héroe, tras poner en orden los dañados fragmentos de su memoria y tras empujar hacia su garganta las últimas gotas del elixir que lo ha devuelto a la vida consciente, logra poner en movimiento su cuerpo y encaminarse hacia la casa con sus amigos. Y es ahí recibido como un mártir. Su mejor amigo deja de lado la cerveza que tenía en la mano y toma un rotulador negro y esgrimiéndolo sobre su abdomen lo conmina a someterse a una ceremonia chamánico-iniciática que nadie entendía bien. Una tras otros caen todos bajo el poder transmutador del rotulador y la cerveza, cristalizado en un tatuaje abdominal.


Un vaso medio lleno cae de la mesa y se quiebra


-El tiempo parece detenerse- dice en cierto momento uno de sus amigos, o más bien no detenerse, no es que al mirar el reloj éste ya no marque el paso de los segundos y los minutos, intenta seguir explicando, pero su fugaz idea se confunde ya con otras palabras que se le escapan, nuestro héroe en tanto, escucha tan sensata expresión sentado entre unas matas de boldo, regocijándose en su aroma, hasta que se para y se mete en la conversa. Habla rápido, como escupiendo palabras, no Liliput, no, no es eso, no es que el tiempo halla parado, sino que nosotros nos salimos del tiempo, es como si para nosotros el tiempo ya no tuviera sentido. El Güaren habla entusiasmado también entonces, sí exclama, es como si estuviéramos en el país de los juguetes, con extrañeza es observado por sus amigos y aclara, el país de los juguetes es donde el tiempo de la producción queda suspendido y por lo tanto el tiempo lineal deja de tener sentido, agrega que lo leyó en un texto de la universidad pero que su memoria tratada de modo tan inmisericorde en los últimos días, es incapaz de entregar demasiados detalles, pero agrega que por ejemplo, en el país de los juguetes todos los días es domingo, y que se puede jugar eternamente, así, ensimismados en las dimensiones filosóficas en que la desenfrenada pachanga que ha envuelto sus existencias se ha precipitado, deciden ir a comprar más pilsen.


Nuestro protagonista sale junto al Güaren con envases de cerveza en mano hacia la boti de la vuelta de la esquina. Un perro le ladra a la entrada, y su amigo saca registro del recorrido con su cámara digital. Espera afuera. El Güaren sale con cuatro cervecitas heladas. El cielo se tiñe de crepúsculo, el sol comienza su deslizamiento final hacia el horizonte. El Perro vuelve a ladrar. El Güaren observa el nacimiento del ocaso, en su mirada se lee la consternación, no te preocupí’ le dice su amigo agarrando dos de las chelas, el tiempo ya no nos toca, estamos fuera, navegamos en un espacio en el que el resto del mundo ha perdido importancia, estamos arrojados en medio de la existencia. El otro lo mira como asintiéndole con la mirada y le dice: ¿abramos una al tiro?


Adentro de la casa el resto de los juerguistas preparan un joincito, nuestro protagonista encuentra buena la idea de los pitos y se pone a hacer otro, la cerveza corre entre todos. Mientras observa con un dejo de melancolía la mar a través de la ventana, habla de la niña de la noche, habla de lo triste que es estar solo y de otras nostalgias que parecían olvidadas, pero uno de sus amigo le dice que hay otro carrete esa noche, y que ahí iba a estar la mina que se había agarrado.

Nuestro amigo se entusiasma y baja con los demás a la playa a tomarse un resto de pisco que les había sobrado de la noche anterior. Ahí se encuentran con unas amigas que más rato van también al carrete. Envueltos en la penumbra de la noche y en el constante romper del mar frente a ellos, se fuman unos pitos, se toman el pisco, las cervezas y conversan del carrete, alguien cuenta un par de chistes y otro intenta sin demasiado éxito hacerse el lindo con las niñas.


Un gato se acerca ronroneando.


La manada entra en movimiento, las estrellas danzan sobre sus cabezas, sus pies pisan caminos de tierra, sus manos esgrimen botellas semi vacías, sus ojos miran un lugar indeterminado del presente o del futuro, las pocas luces del alumbrado público parpadean a su paso, avanzan hacia la noche y sus figuras se desdibujan en la oscuridad. Gritan y ríen.

Se adentran en los pasajes laberínticos del balneario, cantan, conversan, hablan sobre estos últimos días, cada paso los aleja del mundo y los acerca hacia algo que no saben bien lo que es, pero que pese a eso no dejan de añorar. A lo lejos, risas. A la distancia una melodía que los envuelve y completa el espacio entre ellos, es la música de la noche, de la pachanga y de la fiesta, es el tiempo fuera del tiempo, la entrada a las brumas del sueño.


No claudicar, no denegar del frenesí, así podríamos describir la irrupción de nuestra manada en la fiesta de la noche. Un torrente de arrogante despreocupación invadiendo los recovecos de las conversaciones, los cruces de las miradas y los grupos de amigos.


Entre gritos e ingesta no muy controlada de vino o piscola, nuestros entrañables protagonistas se dispersan en la pachanga. Así, entre pasos y diálogos furtivos, nuestro protagonista distingue entre cuerpos indistintos, a su chica de la noche anterior. A pesar de sus acercamientos acechantes y silenciosos, a pesar de su intención de enmascararse entre la espesura, sus intenciones parecen demasiado obvias, la niña con un par de miradas y secas respuestas a sus tímidos y evidentes acercamientos, da a entender con toda claridad que el desliz de la noche anterior no volverá a suceder. En fin piensa él, nada es perfecto y se aleja, dejándose tragar por ese estado de suspensión del mundo, desplazándose con seguridad por el momentáneo escenario de la existencia, dejándose mimetizar con la maraña de voces y cuerpos que lo rodean, se deja absorber, a la niña ya podrá buscarla algún día, si es que tiene ganas.


La noche fluye y su fluido tiene un pulso, irrumpir en el país de los juguetes es vivir en ese pulso, confundirse con el paso de las horas, desteñirse en su contorno sin que se diluya la alegría. Es lo que en esos momentos sienten y hacen, entregados al discurrir de los minutos, al golpear de los acontecimientos, como entre una niebla fosforescente caminan tambaleantes, pero sabiendo siempre hacia donde, sin perderse entre los laberintos donde las existencias se consumen.


Entre medio, baile, música, gritar, reir. Conversar, pensar, inventar, reinventar, discurrir y olvidar.


Un perro ladra a lo lejos en la calle.


La luz del día se cuela entre las cortinas semi abiertas del living. Entre ellas, a lo lejos, resplandece el azul del mar. Sobre la mesita de centro, vasos sucios, colillas de pitos, en un sofá el Güaren abre los ojos con su cabeza enterrada entre los cojines. Una figura mira por la ventana. Buena Mono le dice, o eso intenta decir más bien, porque no esta seguro de lo que pronuncia. Se paran juntos un rato mirando por la ventana. Se sientan en silencio. No son del todo capaces de hablar. El resto de la pandilla emerge de entre las habitaciones. Se sientan alrededor de la mesita de centro.


¿Qué es ese mar al fondo en el horizonte? ¿Qué significa ese cielo tan insolentemente celeste?

Se miran entre las fisuras de sus mentes. Las brumas de la noche los rodean aún, se muestran sus tatuajes, pero ya no demasiado eufóricos. Sus cuerpos han conocido el límite, sus mentes, quieren pensar ellos, estuvieron un paso más allá. Bajan silenciosos por la estrecha escalerita que los lleva a la playa. Nadie quiere cocinar, hay que buscar un lugar donde comer. El sol pende inclemente sobre ellos, sus pasos se arrastran, sus bocas murmuran, su marcha es lenta, se cuela entre jirones de realidad. Se detienen ante los titulares de los diarios en el kiosco de la esquina, nuestro héroe acota que perfectamente podría haber pasado una semana sin que ellos se dieran cuenta, o sea si alguien les dijera que era el lunes de la semana que venía, bien podría ser eso cierto. De los titulares no entienden ninguno, tampoco les interesa.


¿Existe entonces un mundo más allá de las calles de tierra de este balneario tercermundista? ¿Existen realmente esas guerras, esos muertos y esos atentados? Y esos rostros tan políticos y sonrientes ¿Existen en la realidad? –Estamos frente al mar y no podemos ver el horizonte- dice el Güaren ¿Qué tienen que ver estas letras impresas con nosotros? ¿Qué tenemos nosotros que ver con todo este mundo? ¿De qué galaxia muy muy lejana vienen estas noticias?


Mientras caminan buscando un lugar donde comer, uno de ellos dice algo así como que sentía que se habían pasado la cultura por la raja, que en tres días habían ignorado todo, porque nada había importado. Que civilización, que dos mil años de historia, que sociedad, durante unos días, continúa otro, nada de eso existió.

En el semáforo un auto frena de golpe.


Entre el celeste del cielo y el azul del mar, las nubes intentaban dibujar alguna forma y sus ojos nadan en un presente sin fin, sus pasos caminan las vías del mundo. Mañana tengo examen dijo nuestro héroe, pero no importaba mucho, después de eso, ya nada importaba demasiado, y eso era liberador.


Vivir arrojado, atisbar el frío del espacio exterior y habitarle temiéndole menos que a la amenaza de los rostros de la tele, parecía cada vez más cuerdo mientras sus pies les arrastraban hacia el alimento.


Deambular, aunque sólo unos días en las inmediaciones de la cultura y atisbar por el rabillo del ojo, en medio del torbellino arrasador de la existencia, el último destello de la vida. Es después que volverán las ocho horas diarias de sueño y la pacificadora tibieza del amor, pero el resplandor desgarrante de la vida, entrevisto por un instante tan sólo, no puede ya desaparecer, es verse en el reflejo y no temer en el momento de la verdad, a unos segundos de felicidad. Luego ya queda tan sólo abandonar la cima del mundo y pedir una merluza con agregado.


El mozo grita la orden hacia la cocina.


lunes, 29 de marzo de 2010

Yacimiento, Gran Pregunta

Hola a todos!! luego de una breve pausa de tres semanas en que pude volver aunque fuera por poco a mi país...o sea a mi gente y mis afectos, re-emprendo las publicaciones en la casa del simio... buscando como siempre lectores interesados y sobretodo críticos!


Un abrazo para todos!



Yacimiento


Reposan el misterio y su forma

Dentro a su celeste esfera

Suspendida en el aire

Más allá de los círculos



Yace como difunta

Intemporal absoluta incerteza

Como entrada al mundo onírico de la mente



Pero lo que yace eternamente

lo sabemos

No puede morir



Ni la pura perfecta forma

Ni el profundo oscuro misterio

nos dejarán



Nos esperan

Por siempre



Suspendidos en su perfección



Jalando de nuestra voluntad

las cuerdas






Gran pregunta


Abierta geografía


Cañones y grietas.



Interrogan a la tierra las fisuras



meditan las aberturas del suelo


imaginan los árboles su destino

sus frutos de mármol maduro


se abre la naturaleza a la gran pregunta


el sentido de la rotación


el fin del movimiento


emigra el reino animal


rota la tierra en torno al sol



¿por qué?


domingo, 7 de marzo de 2010

El Mito de la Caverna



Quiero darte este misterio

Total, de preguntas y de dudas

Mi pecho y mis poros

Están repletos

Ven acá, cerca de mí

Acércate con tu mano estirada

Ahí entre las líneas de tu palma

Lo depositaré

Al misterio éste

Que huele a pelaje de bestias

A fronda salvaje de jungla

¿lo quieres niña este misterio?

Tienes que detenerte y meditar

Antes da darme tu repuesta

Porque un misterio no es un secreto

No es algo que solo nosotros sabemos

Es un enigma enorme y multiforme

Lleno de recovecos en los que te perderás


Es un acertijo sin respuesta


El misterio es un murmullo incesante en tu oreja
un silencio preñado de perplejidad


¿lo quieres niña este misterio que deseo darte?



Ahí entre la ingle y tu cadera

Ahí en la delicada línea que marca la curva de tu cuello hasta la redondez de tus hombros

Lo depositaré
…este misterio

Que se entierra como alambre de púa
…en la carne

Que se desparrama como ungüento suave, como la mirada grácil o apasionada
de una mujer enamorada

Si lo quieres ven

Ven aquí ahora que tengo ganas de gritarlo
a esa bandada de patos que cruza el cielo

A ver si alguno conoce la respuesta

Ven aquí veloz que mis labios se abren

Ven a conocer esta pregunta fundamental del creado

Ven a hartarte de preguntas

Niña


Ven al misterio

A la caverna de las preguntas

A la seducción de la imagen

A este mundo oscuro y desprovisto de respuestas

miércoles, 3 de marzo de 2010

Poemas para la esperanza: Amarre, Volantín, La Solidaridad

Del dolor, el desespero y la angustia, el pueblo chileno ha pasado a trabajar febrilmente para devolverse a sí mismo la esperanza y su futuro.

Estos poemas hablan de esa mezcla de sentimientos que agabian al pueblo chileno: la tristeza, el dolor, pero también y sobretodo la solidaridad y la esperanza.

El lenguaje poético puede ser consuelo y fuerza, si lo piensan así, compartan estos poemas!


Amarre


Siempre tras nuestros pasos

Nuestra aciaga fortuna

Ese hado infausto

Esa cortante guadaña
Sesgando las tierras

Ese cuervo oscuro
Volando sobre nuestra historia



Pero bajo las sombras de sus alas

Eterna también

Nuestra terca perseverancia

Nuestra tímida mirada al futuro

Nuestro terco refutar
de la noche y sus angustias

Nuestra alegría desparramada

Que amarra y anuda a nuestras almas y corazones

El futuro, la esperanza y la fuerza



Volantín


Un volantín cruza Chile


Lo siguen las golondrinas


Los queltehues




Los chincoles


Observa a nuestras araucarias desde el cielo

Y a las cimas eternas y nevadas

de la cordillera que bendice su paso



Un volantín cruza nuestra tierra


Observan atentos su vuelo


Los huemules


Los cipreses


Los pudúes


Los alerces



El cielo se hincha a su paso y la tierra germina otra vez



Va sembrando alegrías


Haciendo florecer nuestros rostros




Un volantín hecho por millones de manos


Encumbrado por los niños de la tierra


Va más allá del cielo


Llega hasta el espíritu y las ánimas


Su vuelo es el punte


El camino espiritual


De los que se fueron y los que están



Abre las puertas de los mundos y las eras


Abre los salones inmateriales del reencuentro


Donde estaremos todos, más allá del tiempo

Los que fueron y serán



Naciendo juntos, todos, de nuevo


volantín de las almas sembrando el renacer de la tierra


Juntos todos nuevamente floreciendo





La solidaridad


Luz


Calor


Mano


Codo contra codo


Luminoso este manto se expande


Lleva tejidas las voces


Lleva bordados los rostros


No tiene sombras


Sólo una estela de mariposas

y colores



No conoce el cansancio


Conoce sólo su vuelo infinito


Va desde las grietas al mañana


Lo encumbra todo un pueblo




Es la solidaridad



Y Su semilla es la esperanza


Su fruto, el futuro