Tengo una luna hecha polvo
Tengo una luna hecha polvo
Escondida en mis pupilas
Un haz de luz escarlata
emboscado
En el espacio entre mi riñón y mi hígado
Una flecha de acero enterrada
En el campo de huesos de mi carne
Va quedando sólo una poza de bilis, una mancha de sangre en medio a la nada, intento recordar pero no puedo
donde quedó la brisa fresca el tacto suave las yemas de los dedos la silueta
el claro de luna donde iban
una tras otra
todas mis sombras a morir
Una Noche a la Intemperie
Me miran tres árboles grandes
Y un columpio vacío
En medio del silencio de la plaza
Me miran
Como ramas secas de otoño
Los juegos vacíos de los niños
Tres árboles grandes
Cinco bancas verdes
Una casi infinita cordillera
Una sola luna blanca
Y un adolescente ebrio sobre la hierba
durmiendo la noche fresca del verano
Llorando en sueños
El sabor amargo del primer amor
Me miran
Tres perros vagos desde la esquina
Y un centenar de estrellas
Justo antes del alba
Me miro profundo y adentro pensando
En quizás si algún día
En quizás si algún día esta noche a la intemperie
En quizás si algún día el rostro de la niña que no me ama
Serán sólo un recuerdo brumoso y lejano
Y no el dolor vivo de estos días
Que se diluye solamente en la borrachera
Sólo en las calles tras calles de la noche de Santiago
Una noche que se desvanece
Tres árboles grandes un columpio vacío
y un adolescente que camina
Lejos en la avenida se escuchan los primeros coches
en tan siquiera un par de horas
comenzarán los primeros autobuses a pasar
Vendedores de Dinero
Vienen los vendedores de dinero
Con dinero
A buen precio de mercado
Billetes de todos los colores
De todos los valores
De la mejor ¡se lo juro! calidad
Vienen los vendedores de dinero
A darnos una mano en la hora de la necesidad
Deposíteme aquí en mi bolsillo
En el fondo caníbal de mi estómago
Un trozo de su dedo pulgar
Una tajada exquisita de riñón
Yo le dejo en cambio
Esta caja de dinero fresco
Hay de todos los colores
Inigualables ¡se lo juro! que no hallará en el mundo nada igual
Vienen los vendedores de dinero
Hurgueteando los rincones
Olisqueando nuestros sueños
Manoseando nuestras hambres
Vienen los vendedores de dinero
Sonrisas compradas a lo largo de la ciudad
Campra-ventas letras pagarés
Recubriendo nuestros poros
La cara o el sello de nuestra piel
Vienen los vendedores de dinero
Con un trozo de hígado
Colgando en sus colmillos
domingo, 31 de octubre de 2010
sábado, 16 de octubre de 2010
sobre la lluvia, la memoria y la ciudad...
Hola a todos!! no me di ni cuenta y ha pasado ya casi un mes desde mi último post! Desde que La Casa del Simio viera la luz (hace un poco más de un año yo creo)no había pasado nunca tanto tiempo sin publicar (creo que el máximo fueron tres semanas cuando fui a Chile), pero exámnenes y problemas varios me mantuvieron con la cabeza en otras cosas.
Para hacerme perdonar (si es que alguien le hicieron falta mis publicaciones en este período) les dejo con tres poemas largos, nuevos y que al menos a mi me dejaron bastante conforme. Se habla sobre la memoria, el recuerdo, la lluvia y sobre la identidad... Espeor les gusten y ójala puedan compartir sus impresiones conmigo.
Saludos a todos.
llueven azucenasnostalgia
azul lluvia de azucenas
ven tú melancolía
sentir como arena en la distancia
el sonido de tu voz
sentir como rumor en el vientre
el oleaje de la caricia
melancolía
naufragar
mar azulado de la nostalgia
ven tú verde mío
recuerdo mío
ven tú su rostro
a llenar de aromas
la luz clara de mi amor
el tacto verde de su cuerpo
llueven azucenas
nostalgia
melancolía
LoboEl peso silencioso del vacío
Es peor que el pelaje de lobo de mi sombra
Aúllo en la última hora
El tiempo inquietante silencio
Es peor que la grieta oscura de la eternidad
Aúllo en la hora del último de los gritos
Se va mi aullido llevado lejos en el eco del abismo
Se descascara mi pelaje se marchita mi piel en el barro
La inmóvil quietud de la ciénaga
Es peor que la fría caricia del infinito
Voy sólo en esta cacería
Voy solo a la búsqueda de mi víctima
El silencio me persigue
Depredador contra depredador
Se clavan las lunas en mi carne
Son los colmillos de la memoria
Desgarrando el velo de lo eterno
Aúllo es la hora de la violencia
Voy solo en mi cacería
A la búsqueda del reflejo de mi sombra
Voy dejando mi piel de lobo en el camino
El paso silencioso del tiempo el peso abrumador del vacío
Son peor que el secreto oscuro de lo eterno
Voy solo en mi cacería
Voy solo huyendo del animal
Cazador y presa
en la jungla sin ley de la memoria
Identidad
Van a urbe traviesa
Las esquirlas de nuestro destrozado espejo de sangre
Viaja una ceja tuya en ese fragmento lanzado al vacio
Va un ojo tuyo, en ese reflejo rojizo viajando
Se dispersa en fragmentos
El contorno de la memoria
Se diluye astillada en la ciudad
La unidad de lo que fuimos
En nuestras calles y escaleras
En nuestras panderetas y muros
Van incrustándose estos cristales de sangre
Y así vagando caminamos a lo largo de este viaje sin meta
Encontrando a momentos la mirada
El reflejo oceánico de lo que somos
Los timbres
Para hacerme perdonar (si es que alguien le hicieron falta mis publicaciones en este período) les dejo con tres poemas largos, nuevos y que al menos a mi me dejaron bastante conforme. Se habla sobre la memoria, el recuerdo, la lluvia y sobre la identidad... Espeor les gusten y ójala puedan compartir sus impresiones conmigo.
Saludos a todos.
llueven azucenasnostalgia
azul lluvia de azucenas
ven tú melancolía
sentir como arena en la distancia
el sonido de tu voz
sentir como rumor en el vientre
el oleaje de la caricia
melancolía
naufragar
mar azulado de la nostalgia
ven tú verde mío
recuerdo mío
ven tú su rostro
a llenar de aromas
la luz clara de mi amor
el tacto verde de su cuerpo
llueven azucenas
nostalgia
melancolía
océano azul
la distancia
LoboEl peso silencioso del vacío
Es peor que el pelaje de lobo de mi sombra
Aúllo en la última hora
El tiempo inquietante silencio
Es peor que la grieta oscura de la eternidad
Aúllo en la hora del último de los gritos
Se va mi aullido llevado lejos en el eco del abismo
Se descascara mi pelaje se marchita mi piel en el barro
La inmóvil quietud de la ciénaga
Es peor que la fría caricia del infinito
Voy sólo en esta cacería
Voy solo a la búsqueda de mi víctima
El silencio me persigue
Depredador contra depredador
Se clavan las lunas en mi carne
Son los colmillos de la memoria
Desgarrando el velo de lo eterno
Aúllo es la hora de la violencia
Voy solo en mi cacería
A la búsqueda del reflejo de mi sombra
Voy dejando mi piel de lobo en el camino
El paso silencioso del tiempo el peso abrumador del vacío
Son peor que el secreto oscuro de lo eterno
Voy solo en mi cacería
Voy solo huyendo del animal
Cazador y presa
en la jungla sin ley de la memoria
Identidad
Van a urbe traviesa
Las esquirlas de nuestro destrozado espejo de sangre
Viaja una ceja tuya en ese fragmento lanzado al vacio
Va un ojo tuyo, en ese reflejo rojizo viajando
Se dispersa en fragmentos
El contorno de la memoria
Se diluye astillada en la ciudad
La unidad de lo que fuimos
En nuestras calles y escaleras
En nuestras panderetas y muros
Van incrustándose estos cristales de sangre
Y así vagando caminamos a lo largo de este viaje sin meta
Encontrando a momentos la mirada
El reflejo oceánico de lo que somos
Nuestro marino espejo de sangre
Viaja astillado por la ciudad
Devolviéndonos solo el distorsionado reflejo
El colorido caleidoscopio
Nuestro laberinto de espejos
Los cuernos del minotauro
Viaja astillado por la ciudad
Devolviéndonos solo el distorsionado reflejo
El colorido caleidoscopio
Nuestro laberinto de espejos
Los cuernos del minotauro
Los timbres
Las quejas
Los turnos
Las cuentas
sábado, 18 de septiembre de 2010
El sueño, El nudo eterno de mi carne
El Sueño
Soñé las hojas del recuerdo
Verdes arrastrándose consigo los revoloteos los rostros
el viento
Soñé al árbol de las raíces aéreas trazando su dibujo informe
etéreo surco de viento
Soñé el claror verde de la mañana abocada a su tarea su transitar
a su tenue respiro de brisa
Soñé al mundo respirando profundo a través de mi mano
Soñé
adormecerlo tranquilo con el sueño de la caricia
la aérea raíz del cielo la verde hoja de los rostros
su leve o clamoroso soplido en el viento
la vida
oníricos surcos de viento en el aire
El Nudo Eterno de mi Carne
Clavado
Con los pies fijos en la nada
Sentado
Veo nubes
Las nubes dentro mis entrañas
Como parapléjico
C o n t e m p l o e l n u d o e t e r n o d e m i c a r n e
El rostro interno
El reflejo en mis riñones
La mirada atónita de mi propia incomprensión
La pulsión atávica
Las fuerzas centrífugas que jalan los extremos
Las puntas pestilentes mi intestino
La fuerza magnética
las cimas
La seducción del misterio
La profundidad
Impávido
Desde siempre
siento las ratas en mi estómago
Llegan con las nubes
Vienen a roerme mis entrañas
Y yo como parapléjico
Pongo mi mudo grito en el cielo
Con silenciosa vehemencia
Protesto
Protesto contra este par de pulmones que se deshacen
Contra este páncreas segregando una bilis enfermante
Contra las dudas la fuerza de voluntad que se desmorona
El nudo eterno de mi carne, las dudas, la indolencia
Soñé las hojas del recuerdo
Verdes arrastrándose consigo los revoloteos los rostros
el viento
Soñé al árbol de las raíces aéreas trazando su dibujo informe
etéreo surco de viento
Soñé el claror verde de la mañana abocada a su tarea su transitar
a su tenue respiro de brisa
Soñé al mundo respirando profundo a través de mi mano
Soñé
adormecerlo tranquilo con el sueño de la caricia
la aérea raíz del cielo la verde hoja de los rostros
su leve o clamoroso soplido en el viento
la vida
oníricos surcos de viento en el aire
El Nudo Eterno de mi Carne
Clavado
Con los pies fijos en la nada
Sentado
Veo nubes
Las nubes dentro mis entrañas
Como parapléjico
C o n t e m p l o e l n u d o e t e r n o d e m i c a r n e
El rostro interno
El reflejo en mis riñones
La mirada atónita de mi propia incomprensión
La pulsión atávica
Las fuerzas centrífugas que jalan los extremos
Las puntas pestilentes mi intestino
La fuerza magnética
las cimas
La seducción del misterio
La profundidad
Impávido
Desde siempre
siento las ratas en mi estómago
Llegan con las nubes
Vienen a roerme mis entrañas
Y yo como parapléjico
Pongo mi mudo grito en el cielo
Con silenciosa vehemencia
Protesto
Protesto contra este par de pulmones que se deshacen
Contra este páncreas segregando una bilis enfermante
Contra las dudas la fuerza de voluntad que se desmorona
El nudo eterno de mi carne, las dudas, la indolencia
sábado, 11 de septiembre de 2010
11 de Septiembre, Santiago de Chile
Introducción un poco larga, al final hay un poema...
Hace 37 años los aviones de la fuerza aérea chilena bombardeaban el palacio presidencial de la Moneda, poniendo fin al gobierno democraticamente elegido de Salvadar Allende y dando así inicio al período más oscuro de la historia chilena contempóranea.
Recordar no sólo porque el olvido es imposible, sino que también somos nuestra memoria, sin historia el presente se vuelve eterno cerrándonos la posibilidad del futuro, porque sin memoria el presente se vuelve un laberinto incomprensible, porque un árbol sin raíces se secará inevitablemente.
Pero no sólo por eso, sino porque las consecuencias de la destrucción del Estado de Derecho siguen sucediendo: no sólo el Neoliberalismo (con sus secuelas de agudización de la diferencia de clases, de precarización del trabajo, de endeudamiento masivo del “consumidor”) implementado por primera vez en el mundo por la dictadura de Pinochet, se impone ahora, fácticamente, como único modelo económico posible, sino porque las leyes anti-terroristas, que niegan el debido proceso, que permiten figuras como “testigos ocultos” y que divide la justicia en civil y militar, criminalizando a final de cuentas la protesta social (es terrorista en Chile, gracias a esta ley, quien lanza una piedra) se sigue aplicando, y si el enemigo interno fue antes el comunismo, en Chile lo es hoy la nación Mapuche, quienes viven hoy, bajo un régimen de militarización de sus comunidades y de feroz represión. En la Araucanía la dictadura no ha terminado, y hoy como ayer a los luchadores sociales no les queda más que su cuerpo para resistir. Los presos políticos mapuche, adultos y niños, suman ya más de 60 días en huelga de hambre, comprometiendo seriamente la propia supervivencia.
Hoy quisiera compartir un poema que recuerda una infancia en un país politizado. El Año Decisivo es el año en que se efectuó el atentado a Pinochet por parte del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Era el año decisivo, porque la muerte del dictador, sumada a una internación masiva de armas, habría llevado a una sublevación popular de masas. Sin embargo, el atentado falló, las armas fueron encontradas y la sublevación nunca llegó a suceder. Hubo de esperar el plebiscito del 88’y el triunfo del NO para abrir las puertas a la transición pactada con el régimen hacia esta democracia coja que nos llevamos aún a cuestas.
El Año Decisivo
Vuelvo la vista atrás
hasta la explosión colorida de esos años
son las calles de tierra los ciruelos-en-flor
soy yo
yo sentado en la cuneta con mis amigos
reímos
con las rodillas peladas
con nuestra pelota-de-cascos-gastados-con-el-blaid-al-aire
Soy yo con mis amigos
Y los vendedores de escobas
los niños pobres con su carretones
es el viejo del saco
y los cabritos y sus bolsas de neoprén
Es la risa infinita de mi infancia
Los colores alegres de los juegos sobre el fondo trágico de la historia
No hay que hablar hijo,
es peligroso.
Soy yo corriendo
Con el uniforme cochino
La pelota bajo el brazo
El cuello apiñeñao’…
Baja la pichanga alegre de nuestra infancia
Soy yo corriendo
Tengo cinco años
Oigo el clang clang de los palitos contra el metal:
“¡¡mamá, viene el camión del gas!!”
Tomo leche en una tarde oscura de invierno,
con mi familia, y el diario de cooperativa está llamando,
no hay que hablar hijo,
de tu abuelo que vive en la URSS
de que naciste en el exilio,
y Victor Jara mira mi vaso medio vacío desde un cuadro colgado en la pared…
Tomo once durante el año decisivo,
Rio frente al televisor
Soy solo un niño
Hace 37 años los aviones de la fuerza aérea chilena bombardeaban el palacio presidencial de la Moneda, poniendo fin al gobierno democraticamente elegido de Salvadar Allende y dando así inicio al período más oscuro de la historia chilena contempóranea.
Recordar no sólo porque el olvido es imposible, sino que también somos nuestra memoria, sin historia el presente se vuelve eterno cerrándonos la posibilidad del futuro, porque sin memoria el presente se vuelve un laberinto incomprensible, porque un árbol sin raíces se secará inevitablemente.
Pero no sólo por eso, sino porque las consecuencias de la destrucción del Estado de Derecho siguen sucediendo: no sólo el Neoliberalismo (con sus secuelas de agudización de la diferencia de clases, de precarización del trabajo, de endeudamiento masivo del “consumidor”) implementado por primera vez en el mundo por la dictadura de Pinochet, se impone ahora, fácticamente, como único modelo económico posible, sino porque las leyes anti-terroristas, que niegan el debido proceso, que permiten figuras como “testigos ocultos” y que divide la justicia en civil y militar, criminalizando a final de cuentas la protesta social (es terrorista en Chile, gracias a esta ley, quien lanza una piedra) se sigue aplicando, y si el enemigo interno fue antes el comunismo, en Chile lo es hoy la nación Mapuche, quienes viven hoy, bajo un régimen de militarización de sus comunidades y de feroz represión. En la Araucanía la dictadura no ha terminado, y hoy como ayer a los luchadores sociales no les queda más que su cuerpo para resistir. Los presos políticos mapuche, adultos y niños, suman ya más de 60 días en huelga de hambre, comprometiendo seriamente la propia supervivencia.
Hoy quisiera compartir un poema que recuerda una infancia en un país politizado. El Año Decisivo es el año en que se efectuó el atentado a Pinochet por parte del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Era el año decisivo, porque la muerte del dictador, sumada a una internación masiva de armas, habría llevado a una sublevación popular de masas. Sin embargo, el atentado falló, las armas fueron encontradas y la sublevación nunca llegó a suceder. Hubo de esperar el plebiscito del 88’y el triunfo del NO para abrir las puertas a la transición pactada con el régimen hacia esta democracia coja que nos llevamos aún a cuestas.
El Año Decisivo
Vuelvo la vista atrás
hasta la explosión colorida de esos años
son las calles de tierra los ciruelos-en-flor
soy yo
yo sentado en la cuneta con mis amigos
reímos
con las rodillas peladas
con nuestra pelota-de-cascos-gastados-con-el-blaid-al-aire
Soy yo con mis amigos
Y los vendedores de escobas
los niños pobres con su carretones
es el viejo del saco
y los cabritos y sus bolsas de neoprén
Es la risa infinita de mi infancia
Los colores alegres de los juegos sobre el fondo trágico de la historia
No hay que hablar hijo,
es peligroso.
Soy yo corriendo
Con el uniforme cochino
La pelota bajo el brazo
El cuello apiñeñao’…
Es el año decisivo
Baja la pichanga alegre de nuestra infancia
Corre el río de sangre de una generación degollada
Soy yo corriendo
Tengo cinco años
Oigo el clang clang de los palitos contra el metal:
“¡¡mamá, viene el camión del gas!!”
Es el año decisivo
Me pierdo un gol solo frente al arco
Y rebota el rocket sobre el techo del auto del tirano
Es el año decisivo
Me pierdo un gol solo frente al arco
Y rebota el rocket sobre el techo del auto del tirano
Es el año decisivo
Tomo leche en una tarde oscura de invierno,
con mi familia, y el diario de cooperativa está llamando,
no hay que hablar hijo,
de tu abuelo que vive en la URSS
de que naciste en el exilio,
y Victor Jara mira mi vaso medio vacío desde un cuadro colgado en la pared…
Tomo once durante el año decisivo,
Ruedan por la quebrada los escoltas del tirano
la noche se llena con los aullidos de sus hienas hambrientas
Tomo once durante el año decisivo,
Afuera,
La noche sigue cayendo sobre los torturados.
la noche se llena con los aullidos de sus hienas hambrientas
Tomo once durante el año decisivo,
Afuera,
La noche sigue cayendo sobre los torturados.
Rio frente al televisor
Soy solo un niño
Pero voto por el no,
Tengo ya siete años
La larga pesadilla ha terminado
Corro riendo por la calle entre gente que se abraza
Es el embriagador abrazo de la victoria
Tengo ya siete años
La larga pesadilla ha terminado
Corro riendo por la calle entre gente que se abraza
Es el embriagador abrazo de la victoria
Ahora viene la alegría…
dicen
dicen
jueves, 2 de septiembre de 2010
Las Pupilas del Asfalto
Hola a todos. Aquí les dejo con uno de mis poemas favoritos, bastante nuevo por lo demas, lo habré escrito hace un par de semanas solamente...
Un par de aclaraciones "linguístico-culturales":
- Limarí: Pisco (o sea destilado de uva de entre 33 y 50 grados aprox.) de muy mala calidad, tipico de estudiantes.
- Tomar Once: Refrigerio intermedio entre el almuerzo y la cena, por lo general a las seis.
-Palta: Aguacate, avocado.
Las Pupilas del Asfalto
¿Cuantos centenares de botellas?
¿Mil, cien mil?
¿Cuántas esquinas inundadas de etílico griterío?
Conoció muy bien el cielo nocturno de Santiago nuestro deambular
Nuestro caminar pendejo de botella de Limarí en la mano, de voces acuosas tejiendo a gritos el canto que sanaría nuestras yagas supurantes de mundo
Permanecen aún nuestras sombras
Refugiadas en el reflejo oscuro de la cuneta
Se escabullen nuestras voces de antaño,
Por la grieta de una esquina rota
Nuestra cerveza mañanera
Nuestro conato de vómito
Todos nuestros rostros olvidados
Todos aquellos amores muertos al nacer…
Respiran todos la letanía de su historia
Respiran todos, a través de los poros de cemento de la ciudad
Nuestras siluetas recortadas contra la luz trémula de la botillería
Nuestra carrera desbocada Sin estribos A cuestas del desenfreno
No hay descanso para los desterrados de la mesa
Para los que olvidamos el desayuno y la once
Incluso el sabor de la palta
Me recuerdo buscando nuestro reflejo en la vereda
Meando y tomando a la vez
Enterrado entre los arbustos al amanecer
Nosotros
Viviendo el tiempo sin tiempo de la noche
No hay pasado presente ni futuro
Para quienes olvidamos el silencio en las pupilas
Las pupilas del asfalto
La oscuridad
Un par de aclaraciones "linguístico-culturales":
- Limarí: Pisco (o sea destilado de uva de entre 33 y 50 grados aprox.) de muy mala calidad, tipico de estudiantes.
- Tomar Once: Refrigerio intermedio entre el almuerzo y la cena, por lo general a las seis.
-Palta: Aguacate, avocado.
Las Pupilas del Asfalto
¿Cuantos centenares de botellas?
¿Mil, cien mil?
¿Cuántas esquinas inundadas de etílico griterío?
Conoció muy bien el cielo nocturno de Santiago nuestro deambular
Nuestro caminar pendejo de botella de Limarí en la mano, de voces acuosas tejiendo a gritos el canto que sanaría nuestras yagas supurantes de mundo
Permanecen aún nuestras sombras
Refugiadas en el reflejo oscuro de la cuneta
Se escabullen nuestras voces de antaño,
Por la grieta de una esquina rota
Nuestra cerveza mañanera
Nuestro conato de vómito
Todos nuestros rostros olvidados
Todos aquellos amores muertos al nacer…
Respiran todos la letanía de su historia
Respiran todos, a través de los poros de cemento de la ciudad
Nuestras siluetas recortadas contra la luz trémula de la botillería
Nuestra carrera desbocada Sin estribos A cuestas del desenfreno
No hay descanso para los desterrados de la mesa
Para los que olvidamos el desayuno y la once
Incluso el sabor de la palta
Me recuerdo buscando nuestro reflejo en la vereda
Meando y tomando a la vez
Enterrado entre los arbustos al amanecer
Nosotros
Viviendo el tiempo sin tiempo de la noche
No hay pasado presente ni futuro
Para quienes olvidamos el silencio en las pupilas
Las pupilas del asfalto
La oscuridad
domingo, 22 de agosto de 2010
La República de las Tres Islas, Cap. VII
INDICE:
Capítulo I.
Caítulo II.
Capítulo III.
Capítulo IV.
Capítulo V
Capítulo VI.
VII
¿Y entonces?- Pensó- ¿Qué hago acá? ¿Para que sirve todo esto?- Y por un momento el parlamento, las votaciones, los partidos, los acuerdos, todo ese mundo que lo rodeaba, no le pareció más que la simple –y decadente- fachada que ocultaba los despiadados y feroces intereses que dominaban la existencia de los hombres. La voraz necesidad de las riquezas y los egos. Su mundo se le reveló como una máscara hipócrita que todos necesitaban, un discurso al que todos apelaban para defender sus ansías de riqueza, sus desvaríos ideológicos y sus sueños de poder. A final de cuentas, parecía ser que todo no era más que un eterno discurrir de palabras, un discurrir altanero y falaz que celaba la verdad de los actos de cada cual. La palabra era como una cortina de humo, una niebla densa que ocultaba en su seno el interés y toda su inmundicia, siempre sostenido por el poder y sus relaciones, relaciones cambiantes como los caprichos de un niño, que un momento te ponían en el centro del mundo y al siguiente te lanzaban por la borda. Como un niño, caprichoso como un niño. Así era el poder. Siempre yendo y viniendo. Nunca en las manos de nadie, o no realmente al menos, sino que siempre en medio de una red de caprichos, de una red de relaciones, de miradas, de amores y de odios, de deseos y temores. Estaba siempre en un movimiento constante, y las instituciones, el parlamento, el senado, el rey, no eran más que parte de esa cortina de humo, no eran más que una parte de esa fachada inmunda que con tanta claridad veía ahora.
Pensaba en esta gran farsa, cuando unos pasos furtivos en su despacho lo sacaron de sus pensamientos. A esa hora el parlamento estaba ya vacío, y en sus largos pasillos no dominaba más que el silencio.
Aún más sorprendido quedó al ver recortarse en las penumbras una silueta que inmediatamente le resulto familiar. Y cuando la silueta habló, saludándolo, de la sorpresa pasó a la alegría.
-Buenos noches, Nuspano. ¿Qué pensamientos te consumen en está oscuridad? Reconoció la voz de inmediato. Era su primo Navedo Ganoví, a quien nadie había visto por más de diez años.
Desde siempre, Navedo había sido el miembro más cercano de su familia, y con el tiempo, se había transformado en una suerte de hermano mayor. Había sido él quién lo iniciara en la política y quién le inculcara las ideas del grupo. Lo introdujo en el movimiento y lo apadrinó por años. Sin embargo, con el tiempo, fue distanciándose de la línea oficial de Gadaré, quien a pesar de su caída, se obstinaba en continuar postulando una vía parlamentaria. Él en cambio, siempre quizo estar un paso más adelante. Y así lo recordaba, polémico, confrontacional, con una inteligencia clara y precisa. Extrañamente lograba al mismo tiempo ser un soñador con un aire de poeta y una persona práctica y precisa. Quizás por eso mismo, solía pensar, terminó por sentirse limitado y encerrado en los límites de la polítca del partido, pasando con el tiempo del entusiasmo a la frustación y terminando a final de cuentas, por dimitir. Había puesto sus esperanzas directamente en la gente del pueblo. Abandonó la casa familiar para ir a vivir entre los pescadores, los pastores, los campesinos. Algunos lo siguieron y otros se sumaron con el tiempo. Organizó huelgas y movimientos, y al final, postuló la idea de que sólo el pueblo actuando por sí mismo lograría algún cambio real. No encontró nunca partidarios demasiado numerosos. Y un día, o una noche, simplemente desapareció en la nada, luego de que ciertos rumores lo ligarán a la muerte de un coronel que había reprimido sangrientamente una marcha de campesinos que avanzaba hacia Gnalacama, la capital de Dodora. A pesar de que las voces nunca fueron confirmadas, no habí vuelto a saber de él, hasta que su silueta se recortó entre las sombras del despacho.
Cuando finalmente logró salir del estupor, Nuspano corrió haciá él y lo abrazó. Y al abrazarlo sintió que nada era tan grave, que nada era tan complejo. Se sintió tremendamente aliviado. Su primo había elegido el mejor momento para reaparecer en su vida. Sí alguien en el mundo lo conocía bien, ese era él. Sólo Navedo, pensó, podía orientarlo y ayudarlo a tomar una decisión.
-Navedo, no sabes que alegría siento de verte nuevamente. Pero dime ¿Dónde has estado todo este tiempo?
- ¿Qué donde he estado? ¿Aún no te habías dado cuenta?- respondió él. Y luego, mirándolo directamente a los ojos: -Preparando este momento primo. Eso he estado haciendo.- Dijo con determinación y apuntando al suelo con el dedo índice.
Nuspano se quedó observándolo boquiabierto, sin saber bien que decir.
-Nada de esto es casual primo. Yo y mis hombres llevamos años conspirando. Y ahora por fin el momento ha llegado.
- ¿El momento para qué?
- Para tomar el poder Nuspano. Basta de arrastrarnos y mendigar en los salones decadentes de la nobleza, pidiendo favores, predicando como monjes y soñando como niños. Para lograr nuestros objetivos necesitamos usar la fuerza y por la fuerza tomaremos el poder y con el poder forjaremos un mundo nuevo. Un mundo justo.
Lo observaba hablar sumido en la perplejidad. El fondo de su discurso era el mismo de siempre. La justicia, el pueblo. Pero su modo de hablar era distinto. Antes de desvanecerse en la nada hablaba también de ideales y de sueños, pero como si fueran una realidad lejanísima, intocable. Y al hacerlo sus ojos se llenaban de emoción, un ardor especial cruzaba su mirada, su voz poseía un timbre especial, embriagador. Ahora en cambio, hablaba de tomar el poder como un médico que receta un tratamiento duro, pero inevitable. Sus palabras no se dejaban ya transportar por la pasión. En su mirada y su voz habían ahora autoridad, deterrminación, fuerza y sangre fría. Su discurso era claro, preciso y al mismo tiempo enormemente fascinante. Era el discurso de alguién que sabía perfectamente lo que quería, y lo que debía hacer para conseguirlo.
- ¿Pero tomar el poder? ¿Crees que sería una solución?
- No, no es "una" solución, es "LA" solución. ¿Acaso no te has dado cuenta? Por eso estoy aquí. Porque sé que tú ya lo sabes. Sé que te has dado cuenta que este cementerio que llaman parlamento no sirve para nada. Y que con las migajas del poder que acá podemos conseguir, jamás daremos un paso adelante. Sé que ya te has dado cuenta que es inútil continuar esperando que nuestros enemigos decidan renunciar a sus privilegios. Estoy aquí porque se que ya has visto a través de la ilusión. Se que has visto la fachada inmunda de este Estado corrupto y podrido. ¿Es así primo o me equivoco?
En efecto, así era, pensó. Como todos aquel día, su primo había entrado por la puerta de su despacho diciendole lo que debía hacer. Pero sólo él le hablaba en un lenguaje que compartía. Y parecía tener razón. ¿Era posible que esta nobleza autocomplaciente fuera capaz de ceder algún milímetro de sus privilegios? ¿Era acaso el momento de la fuerza? Había sin duda algo de seductor en las palabras de Navedo, algo en su retórica que lo atraía, era quizás la presencia de una respuesta clara y precisa. Pero había al mismo tiempo, algo inquietante, que no era capaz aún de individuar. ¿Pero y el plan de Gadaré? ¿Debía dar crédito tan fácilmente a las palabras del duque De Pegnopis? ¿Era posible, que Gadaré, con toda su experiencia y sabiduría se dejará engañar tan burdamente por el coronel?
-Pero Gadaré tiene su propio plan Navedo. Estuvo aquí y me dijo que debíamos apoyar a los republicanos y que ellos votarían luego a favor del voto universal.
-¿Y tú crees realmente que ese plan puede funcionar?
-No dudo de que los republicanos intentarán traicionarnos, y que es un acuerdo extraño, o demasiado frágil en el mejor de los casos, pero sé también que el viejo no se embarcaría en esa aventura sino tuviera eso ya calculado, si no supiera ya que hacer para el momento en que intenten darnos la espalda.
-¿Pero de verdad crees todavía en el viejo? Escucha, te lo explico así. Hace ya años que el viejo renunció a todo y se transformó en una simple serpiente venenosa que intenta inyectar su veneno donde pueda. Pero como con todas las serpientes, basta mantenerla alejada y aprender a controlarla. Ahora no es más que un sumiso animal, una serpiente sin dientes, que no asusta ni preocupaba a nadie, que ya todos han a domado, pero que aún recuerda como mostrarse amenazadora de vez en cuando. Y por eso le permiten seguir dando vueltas por ahí, porque todos le hacen creer que sus palabras tienen un peso, que sus cálculos políticos son geniales, que nadie puede con él, pero así también lo mantienen tranquilo, porque todos saben que no pasará nunca de las palabras, porque saben que si llegará a morder, su ataque sería inofensivo. Y eso en el fondo, él lo sabe, y es lo que lo vuelve patético. Se conformó con saber erizarse, con jugar al juego de la vieja y astuta serpiente, que todo sabe y todo comprende, para así poder ignorar su fracaso y su renuncia a los valores y los ideales que hacían de él nuestro líder. No Nuspano. Nada de lo que él pueda decir es una opción, porque es un ídolo caído, por que se traicionó a sí mismo, porque nos tracionó.
-Pero, pero... ¿de verdad piensas eso?
- Y tú ¿de verdad crees todavía en él?
-Sí, la verdad sí.
-Entonces escuhame. El viejo no sólo es la serpiente desdentada y patética que acabo de describir. Sino que te ha vendido. A cambio de unas cuantas monedas vendió tu voto al coronel y su banda de traficantes, porque estaba completamente seguro de conseguirlo. Y eso lo sé de buena fuente. Tengo un espía en el corazón de los republicanos.
Nuspano miraba fijamente al muro. Era como si su primo no estuviera ahí. Veía la fachada inmunda y el asqueroso tráfico que ocultaba. Estaba en la mierda. En el centro de un mundo de mierda. Un mundo que bien merecía ser destruido, destrozado, barrido por el viento, reducido a escombros. ¿Pero era posible? ¿Era posible tomar el poder y con él crear un mundo nuevo? ¿Acaso no había apenas descubierto que el poder era como un niño?
-Y dime Navedo ¿Qué demonios significa tomarse el poder?
- ¿Cómo qué significa? Tomarse el poder es tomarse el poder. Disolver el congreso por la fuerza, arrestar al rey y nombrar nuevas autoridades que gobiernen el país, y esas nuevas autoridades serán el nuevo poder, y serán ella quienes construyan el mundo nuevo que desde hace ya demasiado tiempo soñamos.
-No, no es posible. El poder no es sólo el parlamento, no es sólo el rey. Está en todos lados. Ocuparás el Estado sólo para darte cuenta que deberás seguir luchando, en todas partes, para mantener ese efímero poder que tus nuevas autoridades conquistarán.
-No importa. Estamos preparados. Y si hay que seguir luchando, entonces seguiremos luchando. Los aplastaremos, como aplastaremos toda oposición aquí en Bálnica. Nuestra revolución no fallará. Pero para que triunfe necesitamos tu voto.
-¿Qué tiene que ver mi voto?
-Apoyando la guerra, el gobierno llamará a los armadas locales a acuartalarse en la ciudad, para prestar juramento de persona al rey. Y esa será nuestro momento. Gran parte de los regimientos de Dodara y varios de los de Eojt se encuentran contralados por nuestros hombres. Y en los regimientos de Bálnica tenemos agentes prontos a tomar el lugar de sus oficiales para dirigir la revuelta. Una vez estén todos acá, en la capital, se sublevarán y ocuparán los centros estretégicos, unidades entrenadas especialmente arrestaran al rey y a los senadores. En un día el poder pasará a nuestras manos.
-Hablas como si nadie fuera oponorse. Los dos sabemos que no será así. Será una masacre.
-La cantidad de muertos variará a partir de la eficacia del efecto sorpresa y de la resistencia que encontremos. Mientras más brutal sea el golpe al inicio, menos serán aquellos que quieren oponerse a nuestra fuerza luego. La violencia es necesaria, es la fuerza creadora de nuestro nuevo mundo, será nuestra violencia la que acabe con todas las violencias.
-Ni el rey ni los senadores se dejarán arrestar. Son demasiado orgullosos.
-Lo sabemos. 'Arrestar' es en el fondo un término técnico. Lo que quiero decir es que serán ajusticados. No dejaremos con vida a posibles líderes de la opsición. Si la primera vez golpeamos con la suficiente fuerza, no necesitaremos golpear una segunda vez.
El sonido del puño de la mano derecha de Navedo al golpear la palma de su otra mano, resonó potente en toda la habitación. Y de pronto Nuspano pudo verlo todo con claridad. La corrupción, el ego, la opulenta decadencia de sus enemigos, la arrogante sed de riqueza, la ciega ira que empuña la venganza como un arma envenedada e invencible, lo vio todo, vio el mundo entero a su alrededor que se desmoronaba. Una realidad que caía a pedazos, y la sangre que corría como un río por entre sus grietas. Vio el centro de las tinieblas. Y sintió miedo. Y repulsión.
-No primo. No seré cómplice de esta masacre.
-No debes tener escrúpulos, no puedes permitírtelo. Si queremos sepultar esta sociedad que nos repugna, no podemos darnos el lujo de tener escrúpulos o de probar piedad por el enemigo. Quien quiera escribir la historia, debe estar dispuesto a derramar la sangre. Derramarla y dejarla correr. No hoy otro modo.
-La sangre llama a la sangre. ¿Cómo reconocerás el momento en que podrás dejar de derramarla?
-Lo sabremos, pero lo importante no es eso. Lo importante es que el momento ha llegado y que la causa del pueblo llama a sus hijos mejores.
-No, ya te lo dije. No seré cómplice de esta masacre.
-¿Nos abandonas?
-No, no abandono a nadie, simplemente renuncio.
-¿Renunciar? ¿A qué?
-A todo.
-No, Nuspano, no. Estás desvariando. Pero te entiendo. Está ha sido una jornada agotadora, más que cualquier otra en tu vida probablemente, y te entiendo. Pero sabes que no puedes renunciar. Porque sabes que renunciar equivale a traicionarme, y tú nunca, lo sé, podrías traicionarme. Pero tranquilo, te entiendo, aún hay tiempo. Mañana temprano pasaré de nuevo para que ultimemos los detalles. Tranquilo, la victoria será nuestra.
Capítulo I.
Caítulo II.
Capítulo III.
Capítulo IV.
Capítulo V
Capítulo VI.
VII
¿Y entonces?- Pensó- ¿Qué hago acá? ¿Para que sirve todo esto?- Y por un momento el parlamento, las votaciones, los partidos, los acuerdos, todo ese mundo que lo rodeaba, no le pareció más que la simple –y decadente- fachada que ocultaba los despiadados y feroces intereses que dominaban la existencia de los hombres. La voraz necesidad de las riquezas y los egos. Su mundo se le reveló como una máscara hipócrita que todos necesitaban, un discurso al que todos apelaban para defender sus ansías de riqueza, sus desvaríos ideológicos y sus sueños de poder. A final de cuentas, parecía ser que todo no era más que un eterno discurrir de palabras, un discurrir altanero y falaz que celaba la verdad de los actos de cada cual. La palabra era como una cortina de humo, una niebla densa que ocultaba en su seno el interés y toda su inmundicia, siempre sostenido por el poder y sus relaciones, relaciones cambiantes como los caprichos de un niño, que un momento te ponían en el centro del mundo y al siguiente te lanzaban por la borda. Como un niño, caprichoso como un niño. Así era el poder. Siempre yendo y viniendo. Nunca en las manos de nadie, o no realmente al menos, sino que siempre en medio de una red de caprichos, de una red de relaciones, de miradas, de amores y de odios, de deseos y temores. Estaba siempre en un movimiento constante, y las instituciones, el parlamento, el senado, el rey, no eran más que parte de esa cortina de humo, no eran más que una parte de esa fachada inmunda que con tanta claridad veía ahora.
Pensaba en esta gran farsa, cuando unos pasos furtivos en su despacho lo sacaron de sus pensamientos. A esa hora el parlamento estaba ya vacío, y en sus largos pasillos no dominaba más que el silencio.
Aún más sorprendido quedó al ver recortarse en las penumbras una silueta que inmediatamente le resulto familiar. Y cuando la silueta habló, saludándolo, de la sorpresa pasó a la alegría.
-Buenos noches, Nuspano. ¿Qué pensamientos te consumen en está oscuridad? Reconoció la voz de inmediato. Era su primo Navedo Ganoví, a quien nadie había visto por más de diez años.
Desde siempre, Navedo había sido el miembro más cercano de su familia, y con el tiempo, se había transformado en una suerte de hermano mayor. Había sido él quién lo iniciara en la política y quién le inculcara las ideas del grupo. Lo introdujo en el movimiento y lo apadrinó por años. Sin embargo, con el tiempo, fue distanciándose de la línea oficial de Gadaré, quien a pesar de su caída, se obstinaba en continuar postulando una vía parlamentaria. Él en cambio, siempre quizo estar un paso más adelante. Y así lo recordaba, polémico, confrontacional, con una inteligencia clara y precisa. Extrañamente lograba al mismo tiempo ser un soñador con un aire de poeta y una persona práctica y precisa. Quizás por eso mismo, solía pensar, terminó por sentirse limitado y encerrado en los límites de la polítca del partido, pasando con el tiempo del entusiasmo a la frustación y terminando a final de cuentas, por dimitir. Había puesto sus esperanzas directamente en la gente del pueblo. Abandonó la casa familiar para ir a vivir entre los pescadores, los pastores, los campesinos. Algunos lo siguieron y otros se sumaron con el tiempo. Organizó huelgas y movimientos, y al final, postuló la idea de que sólo el pueblo actuando por sí mismo lograría algún cambio real. No encontró nunca partidarios demasiado numerosos. Y un día, o una noche, simplemente desapareció en la nada, luego de que ciertos rumores lo ligarán a la muerte de un coronel que había reprimido sangrientamente una marcha de campesinos que avanzaba hacia Gnalacama, la capital de Dodora. A pesar de que las voces nunca fueron confirmadas, no habí vuelto a saber de él, hasta que su silueta se recortó entre las sombras del despacho.
Cuando finalmente logró salir del estupor, Nuspano corrió haciá él y lo abrazó. Y al abrazarlo sintió que nada era tan grave, que nada era tan complejo. Se sintió tremendamente aliviado. Su primo había elegido el mejor momento para reaparecer en su vida. Sí alguien en el mundo lo conocía bien, ese era él. Sólo Navedo, pensó, podía orientarlo y ayudarlo a tomar una decisión.
-Navedo, no sabes que alegría siento de verte nuevamente. Pero dime ¿Dónde has estado todo este tiempo?
- ¿Qué donde he estado? ¿Aún no te habías dado cuenta?- respondió él. Y luego, mirándolo directamente a los ojos: -Preparando este momento primo. Eso he estado haciendo.- Dijo con determinación y apuntando al suelo con el dedo índice.
Nuspano se quedó observándolo boquiabierto, sin saber bien que decir.
-Nada de esto es casual primo. Yo y mis hombres llevamos años conspirando. Y ahora por fin el momento ha llegado.
- ¿El momento para qué?
- Para tomar el poder Nuspano. Basta de arrastrarnos y mendigar en los salones decadentes de la nobleza, pidiendo favores, predicando como monjes y soñando como niños. Para lograr nuestros objetivos necesitamos usar la fuerza y por la fuerza tomaremos el poder y con el poder forjaremos un mundo nuevo. Un mundo justo.
Lo observaba hablar sumido en la perplejidad. El fondo de su discurso era el mismo de siempre. La justicia, el pueblo. Pero su modo de hablar era distinto. Antes de desvanecerse en la nada hablaba también de ideales y de sueños, pero como si fueran una realidad lejanísima, intocable. Y al hacerlo sus ojos se llenaban de emoción, un ardor especial cruzaba su mirada, su voz poseía un timbre especial, embriagador. Ahora en cambio, hablaba de tomar el poder como un médico que receta un tratamiento duro, pero inevitable. Sus palabras no se dejaban ya transportar por la pasión. En su mirada y su voz habían ahora autoridad, deterrminación, fuerza y sangre fría. Su discurso era claro, preciso y al mismo tiempo enormemente fascinante. Era el discurso de alguién que sabía perfectamente lo que quería, y lo que debía hacer para conseguirlo.
- ¿Pero tomar el poder? ¿Crees que sería una solución?
- No, no es "una" solución, es "LA" solución. ¿Acaso no te has dado cuenta? Por eso estoy aquí. Porque sé que tú ya lo sabes. Sé que te has dado cuenta que este cementerio que llaman parlamento no sirve para nada. Y que con las migajas del poder que acá podemos conseguir, jamás daremos un paso adelante. Sé que ya te has dado cuenta que es inútil continuar esperando que nuestros enemigos decidan renunciar a sus privilegios. Estoy aquí porque se que ya has visto a través de la ilusión. Se que has visto la fachada inmunda de este Estado corrupto y podrido. ¿Es así primo o me equivoco?
En efecto, así era, pensó. Como todos aquel día, su primo había entrado por la puerta de su despacho diciendole lo que debía hacer. Pero sólo él le hablaba en un lenguaje que compartía. Y parecía tener razón. ¿Era posible que esta nobleza autocomplaciente fuera capaz de ceder algún milímetro de sus privilegios? ¿Era acaso el momento de la fuerza? Había sin duda algo de seductor en las palabras de Navedo, algo en su retórica que lo atraía, era quizás la presencia de una respuesta clara y precisa. Pero había al mismo tiempo, algo inquietante, que no era capaz aún de individuar. ¿Pero y el plan de Gadaré? ¿Debía dar crédito tan fácilmente a las palabras del duque De Pegnopis? ¿Era posible, que Gadaré, con toda su experiencia y sabiduría se dejará engañar tan burdamente por el coronel?
-Pero Gadaré tiene su propio plan Navedo. Estuvo aquí y me dijo que debíamos apoyar a los republicanos y que ellos votarían luego a favor del voto universal.
-¿Y tú crees realmente que ese plan puede funcionar?
-No dudo de que los republicanos intentarán traicionarnos, y que es un acuerdo extraño, o demasiado frágil en el mejor de los casos, pero sé también que el viejo no se embarcaría en esa aventura sino tuviera eso ya calculado, si no supiera ya que hacer para el momento en que intenten darnos la espalda.
-¿Pero de verdad crees todavía en el viejo? Escucha, te lo explico así. Hace ya años que el viejo renunció a todo y se transformó en una simple serpiente venenosa que intenta inyectar su veneno donde pueda. Pero como con todas las serpientes, basta mantenerla alejada y aprender a controlarla. Ahora no es más que un sumiso animal, una serpiente sin dientes, que no asusta ni preocupaba a nadie, que ya todos han a domado, pero que aún recuerda como mostrarse amenazadora de vez en cuando. Y por eso le permiten seguir dando vueltas por ahí, porque todos le hacen creer que sus palabras tienen un peso, que sus cálculos políticos son geniales, que nadie puede con él, pero así también lo mantienen tranquilo, porque todos saben que no pasará nunca de las palabras, porque saben que si llegará a morder, su ataque sería inofensivo. Y eso en el fondo, él lo sabe, y es lo que lo vuelve patético. Se conformó con saber erizarse, con jugar al juego de la vieja y astuta serpiente, que todo sabe y todo comprende, para así poder ignorar su fracaso y su renuncia a los valores y los ideales que hacían de él nuestro líder. No Nuspano. Nada de lo que él pueda decir es una opción, porque es un ídolo caído, por que se traicionó a sí mismo, porque nos tracionó.
-Pero, pero... ¿de verdad piensas eso?
- Y tú ¿de verdad crees todavía en él?
-Sí, la verdad sí.
-Entonces escuhame. El viejo no sólo es la serpiente desdentada y patética que acabo de describir. Sino que te ha vendido. A cambio de unas cuantas monedas vendió tu voto al coronel y su banda de traficantes, porque estaba completamente seguro de conseguirlo. Y eso lo sé de buena fuente. Tengo un espía en el corazón de los republicanos.
Nuspano miraba fijamente al muro. Era como si su primo no estuviera ahí. Veía la fachada inmunda y el asqueroso tráfico que ocultaba. Estaba en la mierda. En el centro de un mundo de mierda. Un mundo que bien merecía ser destruido, destrozado, barrido por el viento, reducido a escombros. ¿Pero era posible? ¿Era posible tomar el poder y con él crear un mundo nuevo? ¿Acaso no había apenas descubierto que el poder era como un niño?
-Y dime Navedo ¿Qué demonios significa tomarse el poder?
- ¿Cómo qué significa? Tomarse el poder es tomarse el poder. Disolver el congreso por la fuerza, arrestar al rey y nombrar nuevas autoridades que gobiernen el país, y esas nuevas autoridades serán el nuevo poder, y serán ella quienes construyan el mundo nuevo que desde hace ya demasiado tiempo soñamos.
-No, no es posible. El poder no es sólo el parlamento, no es sólo el rey. Está en todos lados. Ocuparás el Estado sólo para darte cuenta que deberás seguir luchando, en todas partes, para mantener ese efímero poder que tus nuevas autoridades conquistarán.
-No importa. Estamos preparados. Y si hay que seguir luchando, entonces seguiremos luchando. Los aplastaremos, como aplastaremos toda oposición aquí en Bálnica. Nuestra revolución no fallará. Pero para que triunfe necesitamos tu voto.
-¿Qué tiene que ver mi voto?
-Apoyando la guerra, el gobierno llamará a los armadas locales a acuartalarse en la ciudad, para prestar juramento de persona al rey. Y esa será nuestro momento. Gran parte de los regimientos de Dodara y varios de los de Eojt se encuentran contralados por nuestros hombres. Y en los regimientos de Bálnica tenemos agentes prontos a tomar el lugar de sus oficiales para dirigir la revuelta. Una vez estén todos acá, en la capital, se sublevarán y ocuparán los centros estretégicos, unidades entrenadas especialmente arrestaran al rey y a los senadores. En un día el poder pasará a nuestras manos.
-Hablas como si nadie fuera oponorse. Los dos sabemos que no será así. Será una masacre.
-La cantidad de muertos variará a partir de la eficacia del efecto sorpresa y de la resistencia que encontremos. Mientras más brutal sea el golpe al inicio, menos serán aquellos que quieren oponerse a nuestra fuerza luego. La violencia es necesaria, es la fuerza creadora de nuestro nuevo mundo, será nuestra violencia la que acabe con todas las violencias.
-Ni el rey ni los senadores se dejarán arrestar. Son demasiado orgullosos.
-Lo sabemos. 'Arrestar' es en el fondo un término técnico. Lo que quiero decir es que serán ajusticados. No dejaremos con vida a posibles líderes de la opsición. Si la primera vez golpeamos con la suficiente fuerza, no necesitaremos golpear una segunda vez.
El sonido del puño de la mano derecha de Navedo al golpear la palma de su otra mano, resonó potente en toda la habitación. Y de pronto Nuspano pudo verlo todo con claridad. La corrupción, el ego, la opulenta decadencia de sus enemigos, la arrogante sed de riqueza, la ciega ira que empuña la venganza como un arma envenedada e invencible, lo vio todo, vio el mundo entero a su alrededor que se desmoronaba. Una realidad que caía a pedazos, y la sangre que corría como un río por entre sus grietas. Vio el centro de las tinieblas. Y sintió miedo. Y repulsión.
-No primo. No seré cómplice de esta masacre.
-No debes tener escrúpulos, no puedes permitírtelo. Si queremos sepultar esta sociedad que nos repugna, no podemos darnos el lujo de tener escrúpulos o de probar piedad por el enemigo. Quien quiera escribir la historia, debe estar dispuesto a derramar la sangre. Derramarla y dejarla correr. No hoy otro modo.
-La sangre llama a la sangre. ¿Cómo reconocerás el momento en que podrás dejar de derramarla?
-Lo sabremos, pero lo importante no es eso. Lo importante es que el momento ha llegado y que la causa del pueblo llama a sus hijos mejores.
-No, ya te lo dije. No seré cómplice de esta masacre.
-¿Nos abandonas?
-No, no abandono a nadie, simplemente renuncio.
-¿Renunciar? ¿A qué?
-A todo.
-No, Nuspano, no. Estás desvariando. Pero te entiendo. Está ha sido una jornada agotadora, más que cualquier otra en tu vida probablemente, y te entiendo. Pero sabes que no puedes renunciar. Porque sabes que renunciar equivale a traicionarme, y tú nunca, lo sé, podrías traicionarme. Pero tranquilo, te entiendo, aún hay tiempo. Mañana temprano pasaré de nuevo para que ultimemos los detalles. Tranquilo, la victoria será nuestra.
domingo, 8 de agosto de 2010
Vientos, Desvanecido desvelo
Vientos
Ir, por el viento
azotado en la tormenta
Arrastrado,
más allá de todo límite
Murmullos
Murmullos azotados en esta corriente que a la tormenta me arrastra
Hasta el milagro ilimitado del hallazgo
El encuentro
Con el fluente murmullo del destino
Ahí
Se murmuran, a sí mismos
los vientos
Los vientos,
desde el ojo del huracán, murmurados
liberados,
al murmullo indómito de la tempestad
lloviéndose, a cántaros, en el temporal
Los vientos,
sellando el sino del silencio
el viento, desde el ojo del huracán,
murmurado
Ir, por el viento
azotado en la tormenta
Arrastrado,
más allá de todo límite
Murmullos
Murmullos azotados en esta corriente que a la tormenta me arrastra
Hasta el milagro ilimitado del hallazgo
El encuentro
Con el fluente murmullo del destino
Ahí
Se murmuran, a sí mismos
los vientos
Los vientos,
desde el ojo del huracán, murmurados
liberados,
al murmullo indómito de la tempestad
lloviéndose, a cántaros, en el temporal
Los vientos,
sellando el sino del silencio
el viento, desde el ojo del huracán,
murmurado
Desvanecido Desvelo
En el delirio
Habitar
Más allá del ojo negro, de sus pestañas de cristal
que los huesos trituran
desvelarnos
En las antípodas
Habitar
Más allá del alquitrán y su respiro, que los contornos dibujan
sobrevolar
En la fragancia del estío
En el perfil del recuerdo
En el giro abrupto de las siluetas
De las velas al viento
De las hormigas
De la ciudad diluida en su fermento
Desvanecer…
Desvanecernos
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