Mostrando entradas con la etiqueta Cuento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuento. Mostrar todas las entradas

domingo, 14 de febrero de 2010

Vivir Arrojado (2° parte)

...


Retomamos así el relato. Nuestro héroe, tras poner en orden los dañados fragmentos de su memoria y tras empujar hacia su garganta las últimas gotas del elixir que lo ha devuelto a la vida consciente, logra poner en movimiento su cuerpo y encaminarse hacia la casa con sus amigos. Y es ahí recibido como un mártir. Su mejor amigo deja de lado la cerveza que tenía en la mano y toma un rotulador negro y esgrimiéndolo sobre su abdomen lo conmina a someterse a una ceremonia chamánico-iniciática que nadie entendía bien. Una tras otros caen todos bajo el poder transmutador del rotulador y la cerveza, cristalizado en un tatuaje abdominal.


Un vaso medio lleno cae de la mesa y se quiebra


-El tiempo parece detenerse- dice en cierto momento uno de sus amigos, o más bien no detenerse, no es que al mirar el reloj éste ya no marque el paso de los segundos y los minutos, intenta seguir explicando, pero su fugaz idea se confunde ya con otras palabras que se le escapan, nuestro héroe en tanto, escucha tan sensata expresión sentado entre unas matas de boldo, regocijándose en su aroma, hasta que se para y se mete en la conversa. Habla rápido, como escupiendo palabras, no Liliput, no, no es eso, no es que el tiempo halla parado, sino que nosotros nos salimos del tiempo, es como si para nosotros el tiempo ya no tuviera sentido. El Güaren habla entusiasmado también entonces, sí exclama, es como si estuviéramos en el país de los juguetes, con extrañeza es observado por sus amigos y aclara, el país de los juguetes es donde el tiempo de la producción queda suspendido y por lo tanto el tiempo lineal deja de tener sentido, agrega que lo leyó en un texto de la universidad pero que su memoria tratada de modo tan inmisericorde en los últimos días, es incapaz de entregar demasiados detalles, pero agrega que por ejemplo, en el país de los juguetes todos los días es domingo, y que se puede jugar eternamente, así, ensimismados en las dimensiones filosóficas en que la desenfrenada pachanga que ha envuelto sus existencias se ha precipitado, deciden ir a comprar más pilsen.


Nuestro protagonista sale junto al Güaren con envases de cerveza en mano hacia la boti de la vuelta de la esquina. Un perro le ladra a la entrada, y su amigo saca registro del recorrido con su cámara digital. Espera afuera. El Güaren sale con cuatro cervecitas heladas. El cielo se tiñe de crepúsculo, el sol comienza su deslizamiento final hacia el horizonte. El Perro vuelve a ladrar. El Güaren observa el nacimiento del ocaso, en su mirada se lee la consternación, no te preocupí’ le dice su amigo agarrando dos de las chelas, el tiempo ya no nos toca, estamos fuera, navegamos en un espacio en el que el resto del mundo ha perdido importancia, estamos arrojados en medio de la existencia. El otro lo mira como asintiéndole con la mirada y le dice: ¿abramos una al tiro?


Adentro de la casa el resto de los juerguistas preparan un joincito, nuestro protagonista encuentra buena la idea de los pitos y se pone a hacer otro, la cerveza corre entre todos. Mientras observa con un dejo de melancolía la mar a través de la ventana, habla de la niña de la noche, habla de lo triste que es estar solo y de otras nostalgias que parecían olvidadas, pero uno de sus amigo le dice que hay otro carrete esa noche, y que ahí iba a estar la mina que se había agarrado.


Nuestro amigo se entusiasma y baja con los demás a la playa a tomarse un resto de pisco que les había sobrado de la noche anterior. Ahí se encuentran con unas amigas que más rato van también al carrete. Envueltos en la penumbra de la noche y en el constante romper del mar frente a ellos, se fuman unos pitos, se toman el pisco, las cervezas y conversan del carrete, alguien cuenta un par de chistes y otro intenta sin demasiado éxito hacerse el lindo con las niñas.


Un gato se acerca ronroneando.


La manada entra en movimiento, las estrellas danzan sobre sus cabezas, sus pies pisan caminos de tierra, sus manos esgrimen botellas semi vacías, sus ojos miran un lugar indeterminado del presente o del futuro, las pocas luces del alumbrado público parpadean a su paso, avanzan hacia la noche y sus figuras se desdibujan en la oscuridad. Gritan y ríen.


Se adentran en los pasajes laberínticos del balneario, cantan, conversan, hablan sobre estos últimos días, cada paso los aleja del mundo y los acerca hacia algo que no saben bien lo que es, pero que pese a eso no dejan de añorar. A lo lejos, risas. A la distancia una melodía que los envuelve y completa el espacio entre ellos, es la música de la noche, de la pachanga y de la fiesta, es el tiempo fuera del tiempo, la entrada a las brumas del sueño.


miércoles, 20 de enero de 2010

Vivir Arrojado

parte 1


Acaba de comprar una pilsen. Hace calor, y por ello no puede sino recordar esa canción de Chico Trujillo, que es seguro un cover y que dice: en Tongoy; el sol calienta toda mi caña... paramparamparamparampam tutututu... y justo ahí le duele la cabeza con mucha mucha caña. No es Tongoy, pero el Quisco no está mal. El sol lo calcina. Calibra sus recuerdos. Se perdió, esa es la pulenta piensa, ahora, como rechuchas alguien se pierde en un pueblucho como El Quisco es un enigma; seguramente, hay que ponerle re- mucho empeño. Lentamente sin embargo, las ideas comienzan a escurrir por la mente tan indiscriminadamente maltratada de nuestro héroe. Al mismo tiempo, sus cinco sentidos comienzan a dar prueba de su existencia. Es así, que luego de abrir sus ojos, divisa la inmensidad del horizonte y la luz solar pareciera derretir sus poros exudantes de un licor cuyo grado alcohólico es inversamente proporcional a su calidad. Seguidamente, el tufo que es parte de su cuerpo hace aparición en escena. Luego, su paladar le hace percibir que es capaz aún de distinguir entre una pilsen de quina y tanto y otra de ocho gambas. Luego reordena sus últimos actos, que se diluyen en las brumas de sus ideas al igual que las formas difusas de las olas en la orilla de la playa.

Una Bocina desgarra la quietud a lo lejos.

Se despertó hace poco, le anduvo dando sed, se revisó los bolsillos, se pilló seis gambas y na’ e’ longi se fue a comprar una pilsoquita. Luego, ya nuevamente sentado frente al mar, con la doragüa entre las piernas y la mirada fija en el horizonte, comienza a tomar conciencia de que anoche no llego na’ pa la casa. Por un instante, en lo que dura un sorbo de cerveza, piensa que no sabe que hace ahí y siente un temor extraño en la base de su cuello mientras olvida momentáneamente que acaba de despertarse y de comprar esa cerveza. Mira un momento la arena de la playa y se calma al recordar su extravío nocturno. Intenta hacer memoria; y ahí recién se viene a acordar de la chica esa de anoche. Con los cabros no habían parado de darle al hueveo en todo el día, pero con ese defecto que tiene carretear solo entre hombres... una chica es siempre necesaria, aunque sea pa’ puro darle un poco de jugo. Estaban ya todos rajas, cuando partieron pa’ el brillo ese. Todos menos él, cancheros, agrandados, vamos a agarrarnos minas, somos tan ricos, vamos a matar etc. etc. Y el ahí, piolita, un poco más borracho que sus amigos (o harto más, depende siempre del punto de vista), un poco más low profile, decía: vamos a hueviar, las minas llegan solas. Eso recordaba mientras jugaba a hacer escurrir la arena de la playa por sus dedos para apalear el manso pedazo de caña que lo consumía bajo esa inclemente luminosidad celestial que parecía querer decirle con su calorcillo desesperante que el día del juicio final estaba más o menos cerca.

Mira luego unos instantes las pequeñas olas de la playa, y luego se acuerda de la socia. Sin saber como, de repente estaba sentado con ella, así uno al ladito del otro, pegaditos, y él métale hablando, métale cháchara, que esto que lo otro, dándoselas de interesante mientras sus amigos todos borrachos bailaban entre ellos renunciando a la idea de conseguir alguna conquista. Es en ese momento que el protagonista de este pobre relato, se percata de ser la última esperanza de una manada irremisiblemente hambrienta a la espera de un suceso que los saque de su mutuo aburrimiento.

Él la mira, ellos lo miran, ella lo mira, entre medio él le habla cosas supuestamente inteligentes para la hora, todos las partes se miran unas a otras, hasta que de pronto dos bocas se encuentran sin saber como, se hallan en una comunión un tanto obligada –pero nunca tanto- por las circunstancias. Todo esto no podía, sin embargo, acabar de otra manera: sus besos locos por aquí por allá, sus cariñitos, sus arrumacos y sus etc. etc. Entre medio, sus amigos aburridos de su propia soltería se van a dormir a la casa, pero él decide quedarse pinchando, y cuando al fin la loquita decide también irse a acostar (sola), él a su vez decide retirarse a sus propios aposentos y es ahí mero cuando se pierde, caminando hacia el lado opuesto al que tenía que ir. Ebrio como estaba, sólo tras innumerables preguntas y tras infinitas cuadras infatigablemente recorridas llega a la playa, exhausto, se desploma, y se despierta sólo para ir a comprar la pilsen que le permitió recordar los hechos, quizás extraños, hasta aquí relacionados. Sin embargo, para la sorpresa del lector, y esperamos también para su alegría imperecedera, he aquí narrados con ganas y maestría los acontecimientos inmediatamente posteriores.


continua...

martes, 29 de diciembre de 2009

Parque O'higgins 1


Parque O'higgins 1
(El Chico Pato)



Dijo que había sido en el 87', o en el 88. Había sido de todos modos en uno de los últimos tres o cuatro años de la dictadura. Despúes tomó un poco de ron, yo me serví un poco de cerveza y siguió hablando. Empezó a contar la historia porque con mi vieja se habían acordado del chico Pato, uno de sus compañeros del Partido en aquellos años. Bueno, el asunto era que pese a todo, el Partido había logrado organizar una celebración del aniversario en el parque O'higgins, cerca del Pueblito y de donde se hacen las fondas pa’l 18. Ahora que lo pienso, debe haber sido bastante cerca de donde se hace la parada militar también. Yo sé que suena un poco raro… pero que le voy a hacer si la historia no la inventé ná’ yo y así me la contaron y bueno además estábamos todos medios copeteados…


Y ya po’, al final como que cada célula del partido tenía así como su rincón, onda la bienvenida del año académico en el Intercomunal. En cada mesa un asadito, sus copetes, o solo copete, en fin, el clásico asao’ de vidrio. Era domingo, había sol, los niños corrían por todos lados. Los más comprometidos hablaban de política, otros se jugaban una pichanga, otros se tomaban un vino. Se suponía que hasta yo con mis hermanos andabamos peluseando por ahí. Aunque mi vieja no se acordaba. -Pero Silvia, le decía el Juan, si estábamos todos ahí, tus cabros andaban correteando con los míos, parece que tenían una pelota, o unos volantines, la Paula estaba esperando guagua y ahí recién mi mamá, sí, parece, bueno al final se acordó o hizo como que se acordaba.


Y bueno, la cosa es que ahí estaban ellos, con sus carnes a la parrilla, unas cajas de vino, y habrán tenido a lo mejor alguna de pisco que en esos años era más caro. Tenían también una bandera, pero no del partido. Era una bandera de la célula de ellos, que era una U bien grande, así toda encachá’ porque eran de la villa Urano. Y claro, con una bandera que tenía una u gigante, más unos copetes, empezaron a llegor los típicos loquitos, así como piolas al principio, como que no quiere la cosa, que onda chiquillos, están carreteando, son de la U, les decían...


-Ja. Ja, no... ¿creían que era un carrete de la barra?


-Ja,ja, si po, pero ni un atao' po, Como que se quedaron ahí también, el típico desconocido que se te pega y que no falta en ningún carrete de renombre.


Y bueno, estaban todos. Mi vieja, yo, mis hermanos, el Juan y sus hijos, este amigo de ellos, el chico Pato, los loquitos de la U, los demás compañeros del partido, -si algunos habían llevado hasta a los perros- dijo el Juan. Y cuando empezó a oscurecer no faltaba uno que otro curao, si al final cualquier vino, y chelas, y todo eso.


Y ahí fue que llegaron los pacos. Imagínate, lleno de cabros chicos, de curaos, de perros de casa y de perros vagos y todo oscuro.


- Brígido. ¿Pero vo te acordai?-


-No, yo no, tenía como cuatro años no más y en general de esas historias no me acuerdo mucho, me daba mucho miedo así que como que las cancelé de la mente no más. O sea me acuerdo de la marcha cuando ganó el No no más, y alguna otra no muy importante.


Bueno, sigo, imagínate po’. Todo oscuro, los niños llorando, todo el mundo que corría pa’ todos lados, gritos de miedo, otros que gritaban pacos culiaos, lacrimógenas, los loquitos de la U que habían salío’ cagando, y bueno las piedras que empezaban a “silbar por sobre nuestras cabezas”.


Ahí el Juan contó que habíamos arrancado todos juntos, él con su señora, los críos, nosotros con mi mamá, los niños todos llorando y el chico Pato, que más encima andaba medio bien copeteo. El asunto es que con los piedrazos, que eran cada vez más, los pacos se pusieron brígidos en serio y empezaron a sacar las pistolas y a disparar al aire. Y ahí ya quedó la cagá. Más piedras, más gritos, más oscuro, y lo que pasó al final, fue que íbamos todos arrancando, un poco más allá habían unos pacos, o sea dos sombras que se cachaban que eran pacos, que iban así ya como en retirada, porque se habían quedao’ solos y eso pa’ ellos es peluo’, porque si los agarraban no los soltaban, bueno eso todavía es así, entonces íbamos todos corriendo, los pacos un poco más adelante, pero corriendo pa’ otro lao’ y derrepente a uno ¡¡¡pa!!!, tate que le llega la mansa piedra en la cabeza y se cae así como desplomado. Y todos a chucha, se quedan así como quietos, sin saber que hacer. El otro paco se da vuelta, nos ve y saca una escopeta de esas así largas y se empieza a acercar.


-¿Quién fue por la chucha?- empezó. Comunistas culiaos, díganme quien fue o los rajó a todos a balas, maricones culiaos’, les gritaba y se iba a acercando, con la escopeta, apuntándoles.


-¿Y tu vieja, y sus amigos? ¿Qué onda, qué hacían?


Puta, nada, imagínate, que iban a hacer, cagaos’ de miedo no más. O sea con un paco, apuntándote con una mansa escopeta , tú con tus hijos al lado, todos paralizados, ni uno hacía nada. Cagaos de miedo no más.


La cosa es que el paco seguía acercándose, a un punto como que sale de las sombras, está a un par de metros, la tensión y algo así como la posible inminencia del drama flotan en el aire. Pero cuando al paco se le vio la cara contó el Juan, cacharon que el también estaba cagao’ de miedo y que tampoco sabía muy bien lo que estaba haciendo. Justo ahí, el chico Pato salto así como de por atrás y se puso entre el grupo y el paco y antes de que nadie hiciera nada, el loco se rompe la camisa, mostrando el pecho y le grita al paco:


-¿Querí’ matar a alguien paco culiao? Mátame a mí po, a ver si erí tan hombre- le gritó, se acerco unos pasos, agarró la punta de la escopeta y se la puso en el pecho: -ya po’, ponme aquí la bala po’, no erí tan hombre? Mátame po’, aquí tení’ mi pecho!- le gritó de nuevo.


-Noooo, la dura, no, el loco valiente. Ya ¿y ahí que pasó?


Bueno al paco le tembló la mano, miró pa’ atrás, cachó que el amigo se había parao’ y estaba bien, y se dio vuelta y salió corriendo.

-Uh loco, no, que heavy, que valiente el amigo de tu vieja. ¿Cómo hace eso? ¿Y después que onda? Tiene que haber quedado como el héroe.


Bueno lo mismo le pregunté yo al Juan, y dijo:

-Nada po’, si lo vi de nuevo al otro día o como a los dos días, y puta le digo, oye weón que la cagaste, super valiente, ¿cómo te atreviste? Yo esperaba que él me dijera algo así como es que era el único sin hijos, no tenía nada que perder, o sino algo como es que alguien tenía que hacerlo... Pero en vez de eso, el loco me mira y me dice, ¿Que onda Juan, de que estay hablando? así como todo extrañado.


-Puta del otro día, en el parque po weón, cuando íbamos arrancando de los pacos- Le digo yo. -Ah, pa’ el aniversario, puta es que al final estaba tan curao’ que no me acuerdo de ni una wea.


Ahí el Juan me mira y me dice -¿Me podí creer Victor que el weón no se acordaba de nada?


Y yo -nooo, que heavy el loco, como no se acuerda, su momento de gloria.


-Bueno el era así- dijo mi vieja. -Pero si tu lo conocí al chico po’...- dijo después mirándome.


-¿En serio?


-Si po’, ¿te acordai’ cuando nos cambiamos a Macul, que un amigo mío nos fue a arreglar y pintar el baño? Bueno, él po’.


-Cachai’ mono, que al loco hasta lo conocía, hasta me hizo el almuerzo un par de veces, y yo no sabía que estando curao’ nos había prácticamente salvado la vida a todos.


-Uf, no que buena la historia, la cagó.


-Ya pero espera, que tiene epílogo. Después de que mi mamá contó eso, yo le pregunté al Juan, que era más amigo del Chico, si lo había seguido viendo. Y el si po’, si por eso me acordé de esto. Lo seguí viendo por hartos años, pero ahora no lo veo hace como seis, pero… ¿te acordai de las últimas elecciones del senado, las del 2006? Bueno, la cosa es que estaba ahí un día viendo las noticias, y derrepente sale la noticia está de cuando Longueira fue a votar allá a La Pintana, ¿Te acordai que lo taparon a garabatos, a pollos y todo eso? Bueno, estaba yo justo viendo la tele y diciendo, puta que bueno que este fascista, porque es un fascista, que se va a meter ahí a una población popular, creyéndose quizá que cosa, la gente lo reciba así, en el fondo se lo merece, y bueno estaba viendo como le gritaban y escupían pensando eso, cuando se ve un loco que le alcanza a pegar un paipazo, y van los guardias y lo agarran, como entre tres, y tate que no era el chico pato, como entre tres guardias lo tuvieron que agarrar, y después en la noticia mostraban a los pacos llevándoselo a la cuca y el Pato, que peleaba y pataleba. Al final como entre cuatro o cinco pacos salían en la tele metiéndolo en la cuca. Y el pato, que gritaba: -!!!pacos culiaos!!! ¡¡Longueira Fascista!! ¡¡La tení corteira!! ¡!Ándate pa’ Las Condes cuico culiao!!- me acuerdo que le gritó también. Y bueno, esa fue la última vez que lo vi a l chico pato.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Final: Los Heladeros Nazis Deben Morir

III

Si po’ loco, somos nacionalsocialistas nosotros, porque estamos chatos, chatos de todo. Estoy chato de estos judíos infiltrados en nuestra patria, que se hacen millonarios con el sufrimiento de mi pueblo, estoy chato de la gente que degenera mi país. ¿Cómo qué quién? pero si vo’ hay estudiado po’ flaco, erí' culto, no te hagai’ el weón conmigo, ¿querí más chela? De los peruanos, de los judíos, de todos los que arruinan nuestra patria, que se la venden al judío que parasita sobre nuestra sangre, de esos weones estoy chato.

Porque sí po’, porque tienen razón po’, tú no viví' ahí donde vivimos nosotros, lleno todo de droga y de delincuentes, y bueno mi hermano era nazi, mi vecino también y tenían razón, si los gobiernos pro-judíos y débiles que tenemos no hacen nada entonces lo hacemos nosotros, y si hay que pegarles a los locos ¡les pegamos po’! ¿O no Franz? Y si vienen esos guatones cerveceros de los Sharp, ¡les pegamos también! Si se pasa bien al final. Si po’, porque sí no más, los punks me caen mal, todos curaos, escuchando esa wea de música, siempre curaos o volaos, los he visto hasta aspirando neoprén en la plaza a esos, ¿vo' creí que weones así a nosotros nos vana dar miedo? Nos cagamos de la risa cuando les pegamos. No po’, si tampoco andamos pegándole a todo el mundo, si nosotros somos revolucionarios, estamos en contra de este capitalismo de los judíos, a nuestro pueblo no les vamos a andar pegando, pero a los weones que odiamos si nos buscan sí po’. Ya te dije, los peruanos, los bolivianos, los punks, los emos, los curaos, los volaos, todos los que degradan nuestra patria, nos tienen chatos. Ya sí Franz tení razón, no nos pongamos cuáticos tampoco, si estamos carreteando, pásate la pilsen po flaco, ¡la estay puro entibiando!

La otra vez, estuvimos hasta terrible tarde, tomando unas chelas, escuchando los Gesta Bellica, Arma Blanca, Chaos 88, hail Hitler toda la noche... ¿Hitler? Porque si po’, porque el loco era seco, fue el único que lucho de verdad contra la plaga judía que infectaba el mundo, el luchó de verdad por lo que creía, dio su vida por la causa, es como un ejemplo cachai, como los mártires del Seguro Obrero...


No po’, nosostros no somos de esos, o sea sí, antes sí, salíamos a hacer limpieza y a repartir aletazos y batazos todos los días, ahora también, pero mucho menos, porque sabemos que eso no va a cambiar el sistema, pero igual la limpieza étnica y barrial es necesaria, además ¿qué otra cosa vai’ a hacer cuando tení’ rabia? O sea con el Javier veíamos como nuestra villa se degradaba, todo lleno de flaites, de drogadictos, homosexuales, weones curados, ¿Qué? No, eso no es divertirse, eso es depravación, una cosa es tomarse unas chelas piola, yo te hablo de weones tomando y drogándose todo el día, esos son los weones que echan a perder nuestra patria, es el resultado de la educación judía, de la manipulación de los medios de comunicación, así nos tiene el sionismo, así nos quiere, esclavos de su dinero, de sus banqueros... No esos weones son todos puros delincuentes, están todos al servicio del judío internacional, si Marx, Allende, son todos judíos y masones weón, esos otros salen a la calle y se encapuchan pa' pura dejar la cagá’, pa’ hacer daño, pa’ atacar a las fuerzas de orden, a Carabineros, la única institución que trata de hacer algo con toda esta decadencia, no esos weones que se encapuchan, esos no están contra el sistema, son parte de él, están al servicio de Israel esos weones...

IV

¿Cómo no va a ser un mundo de mierda este mundo en el que vivimos si al final hay que andar poniéndose del lado de los “malos”? que malos, puros pendejos perdidos por la vida, tú no viste como los pateaban weón, y yo tratando de pararlos, loco si ya les pegaron, déjenlos piola loco, te lo vai’ a pitear, les decía yo, sino es por el hermano del Gato me agarran de nuevo y más encima a cadenazos, esas brutalidades no tienen sentido si al final son cabros chicos que decidieron ser nazis porque el hermano es nazi, pero no es que cachen algo, si el hermano era mormón el loco se hacia mormón, y yo quedé con fama de nazi ahora po’, soy el nazi de la U’ ahora porque defendí a los cabros chicos, y si eran buena onda, que iba a ser ¿y acaso estos otros weones no son violentos? No viste como los masacraron a estos cabros, si a los nazis también se los pitean, y a mi una vez a la salida de un bar me querían pegar unos guatones Sharp porque sí, uno me pegó un rodillazo que me dolió como dos días, al final tuve que arrancar, si son lo mismo. Si la elección es entre los unos y los otros chao, no me interesa, que mundo de mierda loco, lo terrible son las fronteras entre el bien y el mal que han desaparecido, como no va a ser este un mundo de mierda si quedamos atrapados en medio de la desolación, estamos en medio de un desierto, de un desierto vacío, ¿de que nos agarramos? Ya no hay ni buenos ni malos, o sea yo soy de los malos ahora porque defendí a dos cabros que les estaban pegando, con cadenas y todo entre seis. Y no me vengan con la historia de que son nazis, esos cabros no son nazis, como los que les pegan no son ni comunistas ni anarquistas ni nada, ¿Cómo no va a ser un mundo de mierda si las ideologías por las que la gente moría, por las que estaba dispuesta a morir por tener un futuro mejor están reducidas a bandas de cabros borrachos que se buscan en las plazas pa’ agarrarse a palos?

Y uno ahí que tiene que seguir yendo con la cabeza gacha, a buscar pega, alrededor siento que se desmorona todo, estudié cinco años tratando de entender como funciona este mundo y después uno sale a dar una vuelta con unos cabros engrupidos, pucha podrían haber sido fanáticos de los monitos japoneses, si lo que creían en el fondo no lo entendían y les daba lo mismo, pa’ que llegue después otra manada de pendejos a agarrarte a patadas y más encima en nombre de la revolución, entonces nada tiene sentido lo hemos hecho todo mal, esa wea no es culpa de los cabros, es culpa también de los partidos, de los movimientos sociales, de toda esta mierda ¿por qué un grupo de seis cabros puede pensar que agarrar a patadas a otros dos puede tener algo que ver con librar al mundo de las “cadenas de la opresión capitalista”? Esa es violencia gratuita, igual que la del otro par que salen a hacer limpieza en su barrio. Casi es mejor estar encerrado en esa heladería, al menos ahí adentro las weas son claras, estaba ese pendejo weón que se creía lo máximo por ser jefe de turno, estaba el Franz bueno pa’ las historias de minas y el loco que preparaba los helados que también era buena tela, al menos uno sabía a lo que iba, casi es mejor la alienación que estar ahora acá sentados en el pasaje afuera de mi casa, porque acá no tengo nada claro, todavía tengo moretones, acá me quedó una cicatriz, con la Fabiola casi terminamos porque creía que era nazi, si ahora en el centro se juntan los cabros del colectivo de la universidad, pero no tiene sentido, no quiero ir a escuchar discursos desanclados de la realidad, si de verdad que casi es mejor la alienación del no tener que pensar en las cosas que sentarme en medio de esta desolación, de este desierto dónde ya no hay bandos que escoger, en la pega al menos puedo enojarme con el jefe y echarle la culpa de lo mierda que es mi vida, acá afuera en la calle, si me enojo hay que hacer patota pa’ ir a pegarle a alguien o algo, lo que sea, los semáforos, los paraderos, los guanacos, los zorrillos, la ventana de la vieja que no devuelve la pelota, es todo como una película de serie B, de mala calidad, sin argumentos, los personajes sin motivaciones, el conflicto una wea artificial pa’ unir una serie de escenas de acción sin sentido, yo al menos no quiero más guerra con nadie, ya no entiendo nada, vamos a comprarnos unas pilsen que hace demasiado calor.

martes, 24 de noviembre de 2009

II capítulo: Los Heladeros Nazis Deben Morir

II

-¿Y cómo está el Andrés? ¿Quedó muy mal?
-No, no tanto, porque igual cachaba un poco a unos locos, así que por eso al final no le pegaron tanto...
-Pero ¿Qué onda? Yo todavía no cachó bien que fue lo que pasó.
-A ver, a mí, lo que el Andrés me contó es que, a ver, ¿Tú sabiai' que está trabajando en una heladería?
-¿En una heladería? No, pa' na'. Bien igual po’, así hace algo por mientras que busca un trabajo más en lo suyo, le va a hacer bien trabajar a ese weón.
- Bueno, en teoría sí, yo pensaba lo mismo, pero tu cachai' igual como es este otro, tiene esa vanidad intelectual culia' y eso le hace pasarla mal en ese tipo de pegas...
- ¿En que sentido? O sea a mí tampoco me gusta hacer pegas mal pagadas y todo eso.
- Si po’ obvio, es que es más que eso, pa’ el Andrés se transforma así cómo en una crisis existencial, casi que sufre y se deprime, siente que su "inteligencia" no le sirve pa' na'.
- Ah que es cuático. Nunca le entendí esa obsesión que tiene, con él toda la buena onda que querai', es interesante hablar con él, sabe caleta sobre ene cosas, pero no sé, siempre tratando de figurar, no sé, es raro, porque no lo necesita, el weón es inteligente, lo malo es que después se cura y ahí no más queda toda la discusión jajaja.
- Bueno, así no más es mi compadre, hay que quererlo como es.
- Eso está claro. Pero qué onda entonces po’. Está trabajando en una heladería, ¿y después?
- Bueno, por esto mismo que te estaba diciendo ha peleado varias veces con la Fabiola, porque onda el Andrés al tercer día no quería ir más a la pega...
- que es pendejo pa' sus weas...
- en estas cosas sí, y ella trataba no sé, de incentivarlo, de motivarlo, si igual era todo pa' que pudieran salir juntos de vacaciones, y bueno yo creo que ella también se da cuenta de esto que nos damos cuenta nosotros y no sé a lo mejor trata de hacer que él vea que en estas cuestiones necesita madurar el cabro, pero él no, porfiado el culiao', que se quiere ir, que ella no lo cacha y la cacha y la espada y la campana de goma y todo eso, haciéndola corta la cuestión es que la noche que pasó todo esto habían peleado al almuerzo, antes de que él se fuera pa’ la pega. Así que ya por eso andaba así como medio achacao’, en otra, estaba enojado con ella, no quería verla y unos compañeros de la pega lo invitaron a tomar a la noche y dije que sí po’. Y buena la wea, es que cuando se van subiendo a la micro pa ir pa' el carrete, tate que recién ahí viene a cachar que el par de weones eran nazis.

- noooo ¿La dura? ¿Nazis nazis? ¿Cómo no había cachado antes?
- Es que no es que los conociera tanto en todo caso. Y al final me dijo que igual eran piolas. O sea había trabajado con ellos algunas veces, un par de tallas por aquí, alguna historia, sí el me había hablado de uno de los locos, y me había dicho que era terrible de buena onda, divertido, de ese tipo de gente que está siempre contando alguna historia divertida, de minas o carretes, o que se yo.
- Pero y entonces ¿Por que chucha se va a carretear con nazis el weón? ¡No es tan marxista leninista, anticapitalista revolucionario y todas esas cuestiones él?
- Bueno, ahí se mezcla todo, estaba chato de la pega, chato de la Fabiola, quería pura tomar y a él siempre le ha gustado eso de salir de noche así a la loca, no saber bien pa' donde va, ni con quién, ni a hacer qué, pensé que era como una aventura, me dijo, y que al final pensaba que podía ser interesante cachar que wea hay que tener dentro de la cabeza pa’ ser nazi...
- Y en Chile más encima, yo en ese caso saludo y me voy pa´la casa, no estoy ni ahí con andar escuchando a nazis weones que la raza y no se que más.
- Bueno, el Andrés lo encontró interesante y además no tenía nada más que hacer y además tenían cervezas...
- Bueno, ese es siempre un buen argumento.
- Así es... Bueno la cosa es que se fue a carretear con estos cabros... estuvo tomándose unas pilsen en una plaza en el centro, y justo llegó una patota de anti-nazis y lo agarraron a él también, lo tenían en el piso, métale patadas cuando justo de reojo alcanzó a reconocer a uno de los cabros, que era el hermano chico punk del Gato, tu lo cachai’, un loco de un colectivo anarquista de la U, si hemos carreteado y todo, bueno la cosa es que lo llama, él lo reconoce y para a los pelaos’ que lo están pateando, lo agarran lo tiran pa' un lado y a los otros locos les siguen pegando...

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Los Heladeros Nazis Deben Morir

I


Qué cómo me fue me preguntó anoche ella... igual que siempre no más... aguantando el calor, reventándome la espalda siete horas al día, semi encorvado encima del mueble de los helados, ajustándome a cada rato ese gorro ridículo de mierda que me hacen ponerme, con el sudor que me corre por la sien y sintiéndome el rey de los wueones cada vez que pregunto ¿qué sabor quiere? mientras pienso una y otra vez, pero que pega culia de mierda tengo que andar haciendo pa' poder salir de vacaciones con ella... y pa’ que después me pregunte como si nada, como si no supiera que odio esta jaula: ¿cómo te fue? Así como si estuviera viniendo de jugar a la pelota o de tomarme unas pilsen...

Ya po’ flaco, atina que esta lleno ya el local...

Y más encima aguantar a este pendejo culiao... ¿qué sabor quiere?... son todos buenos caballero... la gente weona que no se decide nunca son lo peor, ese es de chocolate con avellana caballero, sí, es rico, sí, de verdad que es rico... chucha la wea, hacen como media hora de cola pa' venir a decidir al final la wea que se quieren tomar...

Flaco anda a buscar más frambuesa, me dice el cabro chico, como si no hubiera visto... ¿qué no veí' que estoy atendiendo? ¿Cuántos años menos qué yo tendrá? ¿cinco, seis?, el pendejo pa’ longi que tienen de jefe de turno por la rechucha...

Y cómo te fue me dice ella más encima, y yo como la mierda no más le dije y ella hay que erí' negativo, si es una pega como todas no más, si po’, una pega como todas, seis gambas la hora, te la venden como part-time pero al final pierdo como 4 días a la semana, 7 horas diarias, aquí encerrado en este local de mierda... menos mal que al menos el weón que prepara los helados abajo es buena onda, así puedo sacar la vuelta un par de minutos... hice una mansa movía de pitos anoche hermano, fumamos caleta y tocamos tambores y cualquier chela y cualquier weveo toda la noche y después más encima el manso ni que polvo con mi mina loco, que la pasé bien... ¿cómo alguién puede hablar re-tanta weá en tan poco rato? Me pesa la bandeja del helado de frambuesa mientras subo la escalera. Ya era hora dice el cabro chico, yo lo miro feo no más porque sino el bandejazo en lo'cico no se lo saca nadie... el Franz que sirve helados conmigo me mira y me pregunta ¿frambuesa? y yo: sí, frambuesa, weeena flaco, justo la wea que me estaban pidiendo... menos mal que está este pelao’ también que es buena onda.

El de limón este rico señora, sí el de tiramisú está de lujo... es bueno pa’ la talla por lo menos este loco, buena onda. Ese es de chocolate con avellanas caballero, sí es súper rico, ¿por qué chucha no le cambian el nombre a este helado y le ponen chocolate con avellanas así no tengo que responder doscientas veces en el día la misma weaita?

Gracias por preferirnos le escucho decir al cabro chico detrás mío cada un minuto y medio, que hay gente weona por la chucha, le tirai’ una gamba más la hora, le dai’ un poco más de poder y los weones se creen la máximo, pasan de corderitos a lobos en cinco minutos, miran pa’ abajo y manduquean... que mundo de mierda weón, donde una miserable gamba más la hora hace la diferencia pa que la gente se ponga al servicio de los patrones que te explotan como si no valierai' na', por la chucha si no digo yo... Si señora, menta, ¿y qué más me dijo? ¿chocolate? si chocolate, no faltaba más... y más encima está todo el día detrás mío en esa caja culia’, a medio metro, en esta local chico, estrecho y claustrofóbico, si pucha, miro pa’ afuera y veo las micros que pasan, las parejas de la mano, las familias felices, los amigos echando la talla y digo ¿por qué chucha tengo que aguantar esta wea? Y el cabro chico a cada rato, flaco trapea, Franz falta mango y frutos del bosque y afuera los locos que pasan con una botella de chela en cada mano y yo aquí, como los weones... y que cómo me fue me dice ella ¿Que le doy caballero? Sí señora, ¿Ese? Ese es chocolate con avellana señora... como la mierda po’, y ella más encima que se enoja, le faltó decirme que soy flojo, claro po’, como a ella la plata se la dan los viejos... El Franz me pega un codazo y me hace un gesto con los ojos pa' que mire pa' afuera, pa' la calle, la mansa mina le digo, así era la mina que me tiré anoche me dice, ¿Qué le doy? ¿Chocolate con frambuesa? este weón que es divertio', tenía la tremenda carita cuando llego en la mañana y yo, ya, que onda loco, y él , no dormí' nada anoche más encima tengo la mansa caña, yaaa tuvo weno el carrete entonces, y el no, no es eso, es que me culeé una mina toda la noche, más encima nos tomamos casi seis litros de chela, shaaa la pasaste bien entonces, sí po’ lo que pasa es que estoy solo en la casa y yo sabía que esta loquita quería conmigo así que nada de weón la llamé nos tomamos las cervezas, nos curamos, atracamos y de ahí a culear po’, pero es que tendriai' que verla es que está muy rica ¿Como es? No es así taaaan bonita, o sea no es linda, además tiene igual sus rollitos... nunca tantos sí, o sea en su justa medida, pero se gasta un culito y unas tetitas que te juro me dejan loco, además tira como los dioses, me dijo, poniendo una cara terrible de divertía’, así como con los ojos mirando pa' el cielo, con la punta de la lengua entre los dientes y haciendo como que le agarraba la cintura.

Oye flaco, pásate el trapo por arriba del mesón que está cochino de nuevo.

Oye más tarde viene el Javier, ¿El amigo tuyo que está en el otro turno? Sí po’, ¿lo conocí' verdad?, sí, pero poco, nos toca casi siempre en turnos separados, bueno onda el también en todo caso, sí po’, el Javo es buena onda, si es mi peeeeerro, pensamos igual en todo, compartimos los ideales, es mi hermano, si cuando yo soy amigo de alguien lo doy todo, soy buen amigo yo, me dice, si po’ demás, ¿te viene a buscar entonces? Claro po’ si de ahí nos vamos a tomar unas cervezas donde unos amigos, podríai' venir po’, así carreteamos piolita, ya po’, demás le digo yo, así después de la pega pa’ relajarnos, ¿y dónde es? En el centro, tomamos la 218 acá afuerita, compramos las chelas acá a la vuelta...

Oye ya po’, paren de conversar, cacha flaco todos los sabores que faltan, anda a buscar abajo...

Uf, m tiene chato el pendejo, pero bueno, por lo menos tengo carrete pa' la noche ahora y además una excusa pa’ no juntarme con ella, el local está más vacío y la cosa se relaja un poco, el amigo que prepara los helados abajo me habla de sus movidas de pitos, el pendejo molesta menos, el Franz me habla de sus conquistas y hecha la talla, yo hecho la talla también, no hablo mucho eso sí, por la cabeza me pasan los problemas con mi chica, bueno es verdad, a lo mejor tiene algo de razón, a lo mejor soy yo que exagero demasiado, al menos cuando está más vacío esto no es tan terrible, es siempre un trabajo de mierda, mal pagao' y todo, alienante, pero así un poco conversando, echando la talla, limpiando, el tiempo pasa un poco más rápido. Mi ánimo no es igual de los mejores, aparte de la pelea siento siempre esa sensación de vergüenza, de no saber que hago acá, de no entender como vine a parar encerrado en está jaula, de no saber si la vida me depara algo mejor, ¿no será que al final he hecho todo mal? Entremedio claro, se hecha la talla, me río, si no es que me este muriendo por estar acá, pero se supone que soy profesional, que soy casi un intelectual, y claro el Franz es divertido, bueno pa' los chistes, simpático, pero no tiene idea de nada, no mira a su alrededor, vive como por costumbre, sin cuestionarse nada, nunca va a entender esta angustia, no la entiende ni ella, y sí claro, bakan, vámonos a tomar un par de chelas, 4, 5, 8 si querí’, igual sé que nunca vamos a ser amigos de verdad, pero sí sé que mientras este acá me va a seguir dando vergüenza que me vea gente conocida, con lo que conversaba de política y de teoría social, de Foucault o Freud, de Lenin o Bakunnin, conmigo siempre tratando de ser el más inteligente de la fiesta, aunque no hubiera leído más de un capítulo de un libro del autor que se estaba hablando. El Franz por mientras habla de una vez que lo pillaron cuando chico tirando con una polola... estaba castigada, no nos veíamos hace como dos semanas y éramos súper calientes, tirábamos casi todos los días después del colegio... ¿A dónde se va a parar así? A lo mejor es sólo eso, no odio este lugar, odio sólo pensar que es una muestra de mi fracaso, odio el malestar existencial que me provoca estar acá, disfrazo ese malestar con el discurso de la explotación, de la enajenación, casi de la lucha de clases, que no quiero servir a los patrones, que no quiero ser un esclavo, pero en el fondo es sólo que me siento fracasado.... Y bueno estábamos que cortábamos las huinchas así que un día que los papás salían a comer me fui a meter a su pieza... En el fondo no quiero ser como la gente que yo digo que hay que liberar de las "cadenas del capital"... me da vergüenza estar aquí con este gorro ridículo, porque la gente no va a pensar que soy un profesional titulado y que leo Marx, Heidegger y a la Escuela de Frankfurt, y que en el fondo desprecio este trabajo y me siento por encima de mis compañeros de pega simpáticos y buenos pa’ la talla como el Franz y el malabarista que hace los helados y que trabajan acá no por salir de vacaciones sino que porque es lo único que pudieron encontrar y sino trabajan no pagan el arriendo de la pieza y está mierda tienen que bancársela quieran o no... Y me lo chupó rico, nos empelotamos, nos metimos debajo de las sábanas, yo arriba primero, pero después cuando se me puso ella encima y estaba empezando a moverse rico, sentimos que se abre la puerta y ¡tate que era el viejo por la rechucha! Justo cuando se le estaba escapando el manso gemido a ella, no alcancé ni a vestirme y el viejo estaba en la pieza, me sacó la chucha, bueno nunca tanto, me pusó un charchazo y un par de patadas en la raja, lo penca es que le pegó a ella también... Bueno igual piola salir, curarme un poco, conocer gente nueva, si al final las cosas no son nunca tan terribles, a lo mejor si puedo hacerme un poco amigo de gente tan distinta, a lo mejor puedo dármelas de intelectual orgánico, hacer cosas, hacerles leer, hacerles entender un poco porque las cosas son como son... Sí, sí igual nos seguimos viendo un tiempo después, no en su casa obvio, pero de ahí terminamos, me empezó a gustar una compañera de colegio que decían que le gustaba por el camino de tierra...

Limpiar, lavar, trapear, la cortina que se baja, los últimos retoques al local, ya chao flaco, nos vemos mañana, sí sí, chao no más, yo afuera, esperando al Franz que todavía esta cambiándose. De lejos llega el Javier, chaqueta de cuero, bototos, viene tomándose una lata de báltica. -Hola Andrés, que onda, me dijo el Franz que vení con nosotros. Si po’, a piola, un poco de chela que cae por la garganta, el Franz que sale del local, chaqueta negra de aviador, bluyines, bototos, se saludan, vamos po’, dice.

Mis pasos me alejan del local, me adentro por la vereda entre una marea de voces y de cuerpos que pasean, el cansancio, el aburrimiento, el día de trabajo van quedando atrás. Mis pasos me adentran en la noche, rasgan sus velos, un poco más allá está la micro, el Franz y el Javier se adelantan para tomarla, y ahí recién veo el par de esvásticas negras que adornan la espalda de sus chaquetas. Sorpresa, estupefacción, nos lleva por seis gambas, no alcanzo a decir nada, yo po’ flaco sube, la planta de mi pie izquierdo deja de tocar el suelo y se apoya en el primer escalón, la micro empieza a moverse, a través de la puerta abierta el viento me da en la cara, el aire huele a noche y la noche huele siempre a desconocido.