sábado, 11 de septiembre de 2010

11 de Septiembre, Santiago de Chile

Introducción un poco larga, al final hay un poema...


Hace 37 años los aviones de la fuerza aérea chilena bombardeaban el palacio presidencial de la Moneda, poniendo fin al gobierno democraticamente elegido de Salvadar Allende y dando así inicio al período más oscuro de la historia chilena contempóranea.


Recordar no sólo porque el olvido es imposible, sino que también somos nuestra memoria, sin historia el presente se vuelve eterno cerrándonos la posibilidad del futuro, porque sin memoria el presente se vuelve un laberinto incomprensible, porque un árbol sin raíces se secará inevitablemente.

Pero no sólo por eso, sino porque las consecuencias de la destrucción del Estado de Derecho siguen sucediendo: no sólo el Neoliberalismo (con sus secuelas de agudización de la diferencia de clases, de precarización del trabajo, de endeudamiento masivo del “consumidor”) implementado por primera vez en el mundo por la dictadura de Pinochet, se impone ahora, fácticamente, como único modelo económico posible, sino porque las leyes anti-terroristas, que niegan el debido proceso, que permiten figuras como “testigos ocultos” y que divide la justicia en civil y militar, criminalizando a final de cuentas la protesta social (es terrorista en Chile, gracias a esta ley, quien lanza una piedra) se sigue aplicando, y si el enemigo interno fue antes el comunismo, en Chile lo es hoy la nación Mapuche, quienes viven hoy, bajo un régimen de militarización de sus comunidades y de feroz represión. En la Araucanía la dictadura no ha terminado, y hoy como ayer a los luchadores sociales no les queda más que su cuerpo para resistir. Los presos políticos mapuche, adultos y niños, suman ya más de 60 días en huelga de hambre, comprometiendo seriamente la propia supervivencia.

Hoy quisiera compartir un poema que recuerda una infancia en un país politizado. El Año Decisivo es el año en que se efectuó el atentado a Pinochet por parte del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Era el año decisivo, porque la muerte del dictador, sumada a una internación masiva de armas, habría llevado a una sublevación popular de masas. Sin embargo, el atentado falló, las armas fueron encontradas y la sublevación nunca llegó a suceder. Hubo de esperar el plebiscito del 88’y el triunfo del NO para abrir las puertas a la transición pactada con el régimen hacia esta democracia coja que nos llevamos aún a cuestas.


El Año Decisivo


Vuelvo la vista atrás
hasta la explosión colorida de esos años

son las calles de tierra los ciruelos-en-flor
soy yo
yo sentado en la cuneta con mis amigos
reímos
con las rodillas peladas
con nuestra pelota-de-cascos-gastados-con-el-blaid-al-aire

Soy yo con mis amigos
Y los vendedores de escobas
los niños pobres con su carretones
es el viejo del saco
y los cabritos y sus bolsas de neoprén

Es la risa infinita de mi infancia
Los colores alegres de los juegos sobre el fondo trágico de la historia


No hay que hablar hijo,
es peligroso.


Soy yo corriendo
Con el uniforme cochino
La pelota bajo el brazo
El cuello apiñeñao’…

Es el año decisivo


Baja la pichanga alegre de nuestra infancia
Corre el río de sangre de una generación degollada


Soy yo corriendo
Tengo cinco años
Oigo el clang clang de los palitos contra el metal:
“¡¡mamá, viene el camión del gas!!”

Es el año decisivo
Me pierdo un gol solo frente al arco
Y rebota el rocket sobre el techo del auto del tirano

Es el año decisivo

Tomo leche en una tarde oscura de invierno,
con mi familia, y el diario de cooperativa está llamando,


no hay que hablar hijo,
de tu abuelo que vive en la URSS
de que naciste en el exilio,
y Victor Jara mira mi vaso medio vacío desde un cuadro colgado en la pared…



Tomo once durante el año decisivo,
Ruedan por la quebrada los escoltas del tirano
la noche se llena con los aullidos de sus hienas hambrientas
Tomo once durante el año decisivo,
Afuera,
La noche sigue cayendo sobre los torturados.




Rio frente al televisor
Soy solo un niño
Pero voto por el no,
Tengo ya siete años
La larga pesadilla ha terminado
Corro riendo por la calle entre gente que se abraza
Es el embriagador abrazo de la victoria


Ahora viene la alegría…
dicen

jueves, 2 de septiembre de 2010

Las Pupilas del Asfalto

Hola a todos. Aquí les dejo con uno de mis poemas favoritos, bastante nuevo por lo demas, lo habré escrito hace un par de semanas solamente...

Un par de aclaraciones "linguístico-culturales":

- Limarí: Pisco (o sea destilado de uva de entre 33 y 50 grados aprox.) de muy mala calidad, tipico de estudiantes.

- Tomar Once: Refrigerio intermedio entre el almuerzo y la cena, por lo general a las seis.

-Palta: Aguacate, avocado.




Las Pupilas del Asfalto

¿Cuantos centenares de botellas?
¿Mil, cien mil?
¿Cuántas esquinas inundadas de etílico griterío?


Conoció muy bien el cielo nocturno de Santiago nuestro deambular
Nuestro caminar pendejo de botella de Limarí en la mano, de voces acuosas tejiendo a gritos el canto que sanaría nuestras yagas supurantes de mundo


Permanecen aún nuestras sombras
Refugiadas en el reflejo oscuro de la cuneta

Se escabullen nuestras voces de antaño,
Por la grieta de una esquina rota


Nuestra cerveza mañanera
Nuestro conato de vómito
Todos nuestros rostros olvidados

Todos aquellos amores muertos al nacer…

Respiran todos la letanía de su historia

Respiran todos, a través de los poros de cemento de la ciudad


Nuestras siluetas recortadas contra la luz trémula de la botillería


Nuestra carrera desbocada Sin estribos A cuestas del desenfreno


No hay descanso para los desterrados de la mesa
Para los que olvidamos el desayuno y la once
Incluso el sabor de la palta


Me recuerdo buscando nuestro reflejo en la vereda
Meando y tomando a la vez
Enterrado entre los arbustos al amanecer

Nosotros

Viviendo el tiempo sin tiempo de la noche


No hay pasado presente ni futuro
Para quienes olvidamos el silencio en las pupilas

Las pupilas del asfalto
La oscuridad

domingo, 22 de agosto de 2010

La República de las Tres Islas, Cap. VII

INDICE:

Capítulo I.
Caítulo II.
Capítulo III.
Capítulo IV.
Capítulo V
Capítulo VI.

VII

¿Y entonces?- Pensó- ¿Qué hago acá? ¿Para que sirve todo esto?- Y por un momento el parlamento, las votaciones, los partidos, los acuerdos, todo ese mundo que lo rodeaba, no le pareció más que la simple –y decadente- fachada que ocultaba los despiadados y feroces intereses que dominaban la existencia de los hombres. La voraz necesidad de las riquezas y los egos. Su mundo se le reveló como una máscara hipócrita que todos necesitaban, un discurso al que todos apelaban para defender sus ansías de riqueza, sus desvaríos ideológicos y sus sueños de poder. A final de cuentas, parecía ser que todo no era más que un eterno discurrir de palabras, un discurrir altanero y falaz que celaba la verdad de los actos de cada cual. La palabra era como una cortina de humo, una niebla densa que ocultaba en su seno el interés y toda su inmundicia, siempre sostenido por el poder y sus relaciones, relaciones cambiantes como los caprichos de un niño, que un momento te ponían en el centro del mundo y al siguiente te lanzaban por la borda. Como un niño, caprichoso como un niño. Así era el poder. Siempre yendo y viniendo. Nunca en las manos de nadie, o no realmente al menos, sino que siempre en medio de una red de caprichos, de una red de relaciones, de miradas, de amores y de odios, de deseos y temores. Estaba siempre en un movimiento constante, y las instituciones, el parlamento, el senado, el rey, no eran más que parte de esa cortina de humo, no eran más que una parte de esa fachada inmunda que con tanta claridad veía ahora.

Pensaba en esta gran farsa, cuando unos pasos furtivos en su despacho lo sacaron de sus pensamientos. A esa hora el parlamento estaba ya vacío, y en sus largos pasillos no dominaba más que el silencio.

Aún más sorprendido quedó al ver recortarse en las penumbras una silueta que inmediatamente le resulto familiar. Y cuando la silueta habló, saludándolo, de la sorpresa pasó a la alegría.

-Buenos noches, Nuspano. ¿Qué pensamientos te consumen en está oscuridad? Reconoció la voz de inmediato. Era su primo Navedo Ganoví, a quien nadie había visto por más de diez años.

Desde siempre, Navedo había sido el miembro más cercano de su familia, y con el tiempo, se había transformado en una suerte de hermano mayor. Había sido él quién lo iniciara en la política y quién le inculcara las ideas del grupo. Lo introdujo en el movimiento y lo apadrinó por años. Sin embargo, con el tiempo, fue distanciándose de la línea oficial de Gadaré, quien a pesar de su caída, se obstinaba en continuar postulando una vía parlamentaria. Él en cambio, siempre quizo estar un paso más adelante. Y así lo recordaba, polémico, confrontacional, con una inteligencia clara y precisa. Extrañamente lograba al mismo tiempo ser un soñador con un aire de poeta y una persona práctica y precisa. Quizás por eso mismo, solía pensar, terminó por sentirse limitado y encerrado en los límites de la polítca del partido, pasando con el tiempo del entusiasmo a la frustación y terminando a final de cuentas, por dimitir. Había puesto sus esperanzas directamente en la gente del pueblo. Abandonó la casa familiar para ir a vivir entre los pescadores, los pastores, los campesinos. Algunos lo siguieron y otros se sumaron con el tiempo. Organizó huelgas y movimientos, y al final, postuló la idea de que sólo el pueblo actuando por sí mismo lograría algún cambio real. No encontró nunca partidarios demasiado numerosos. Y un día, o una noche, simplemente desapareció en la nada, luego de que ciertos rumores lo ligarán a la muerte de un coronel que había reprimido sangrientamente una marcha de campesinos que avanzaba hacia Gnalacama, la capital de Dodora. A pesar de que las voces nunca fueron confirmadas, no habí vuelto a saber de él, hasta que su silueta se recortó entre las sombras del despacho.

Cuando finalmente logró salir del estupor, Nuspano corrió haciá él y lo abrazó. Y al abrazarlo sintió que nada era tan grave, que nada era tan complejo. Se sintió tremendamente aliviado. Su primo había elegido el mejor momento para reaparecer en su vida. Sí alguien en el mundo lo conocía bien, ese era él. Sólo Navedo, pensó, podía orientarlo y ayudarlo a tomar una decisión.

-Navedo, no sabes que alegría siento de verte nuevamente. Pero dime ¿Dónde has estado todo este tiempo?

- ¿Qué donde he estado? ¿Aún no te habías dado cuenta?- respondió él. Y luego, mirándolo directamente a los ojos: -Preparando este momento primo. Eso he estado haciendo.- Dijo con determinación y apuntando al suelo con el dedo índice.

Nuspano se quedó observándolo boquiabierto, sin saber bien que decir.

-Nada de esto es casual primo. Yo y mis hombres llevamos años conspirando. Y ahora por fin el momento ha llegado.

- ¿El momento para qué?

- Para tomar el poder Nuspano. Basta de arrastrarnos y mendigar en los salones decadentes de la nobleza, pidiendo favores, predicando como monjes y soñando como niños. Para lograr nuestros objetivos necesitamos usar la fuerza y por la fuerza tomaremos el poder y con el poder forjaremos un mundo nuevo. Un mundo justo.

Lo observaba hablar sumido en la perplejidad. El fondo de su discurso era el mismo de siempre. La justicia, el pueblo. Pero su modo de hablar era distinto. Antes de desvanecerse en la nada hablaba también de ideales y de sueños, pero como si fueran una realidad lejanísima, intocable. Y al hacerlo sus ojos se llenaban de emoción, un ardor especial cruzaba su mirada, su voz poseía un timbre especial, embriagador. Ahora en cambio, hablaba de tomar el poder como un médico que receta un tratamiento duro, pero inevitable. Sus palabras no se dejaban ya transportar por la pasión. En su mirada y su voz habían ahora autoridad, deterrminación, fuerza y sangre fría. Su discurso era claro, preciso y al mismo tiempo enormemente fascinante. Era el discurso de alguién que sabía perfectamente lo que quería, y lo que debía hacer para conseguirlo.

- ¿Pero tomar el poder? ¿Crees que sería una solución?

- No, no es "una" solución, es "LA" solución. ¿Acaso no te has dado cuenta? Por eso estoy aquí. Porque sé que tú ya lo sabes. Sé que te has dado cuenta que este cementerio que llaman parlamento no sirve para nada. Y que con las migajas del poder que acá podemos conseguir, jamás daremos un paso adelante. Sé que ya te has dado cuenta que es inútil continuar esperando que nuestros enemigos decidan renunciar a sus privilegios. Estoy aquí porque se que ya has visto a través de la ilusión. Se que has visto la fachada inmunda de este Estado corrupto y podrido. ¿Es así primo o me equivoco?

En efecto, así era, pensó. Como todos aquel día, su primo había entrado por la puerta de su despacho diciendole lo que debía hacer. Pero sólo él le hablaba en un lenguaje que compartía. Y parecía tener razón. ¿Era posible que esta nobleza autocomplaciente fuera capaz de ceder algún milímetro de sus privilegios? ¿Era acaso el momento de la fuerza? Había sin duda algo de seductor en las palabras de Navedo, algo en su retórica que lo atraía, era quizás la presencia de una respuesta clara y precisa. Pero había al mismo tiempo, algo inquietante, que no era capaz aún de individuar. ¿Pero y el plan de Gadaré? ¿Debía dar crédito tan fácilmente a las palabras del duque De Pegnopis? ¿Era posible, que Gadaré, con toda su experiencia y sabiduría se dejará engañar tan burdamente por el coronel?

-Pero Gadaré tiene su propio plan Navedo. Estuvo aquí y me dijo que debíamos apoyar a los republicanos y que ellos votarían luego a favor del voto universal.

-¿Y tú crees realmente que ese plan puede funcionar?

-No dudo de que los republicanos intentarán traicionarnos, y que es un acuerdo extraño, o demasiado frágil en el mejor de los casos, pero sé también que el viejo no se embarcaría en esa aventura sino tuviera eso ya calculado, si no supiera ya que hacer para el momento en que intenten darnos la espalda.

-¿Pero de verdad crees todavía en el viejo? Escucha, te lo explico así. Hace ya años que el viejo renunció a todo y se transformó en una simple serpiente venenosa que intenta inyectar su veneno donde pueda. Pero como con todas las serpientes, basta mantenerla alejada y aprender a controlarla. Ahora no es más que un sumiso animal, una serpiente sin dientes, que no asusta ni preocupaba a nadie, que ya todos han a domado, pero que aún recuerda como mostrarse amenazadora de vez en cuando. Y por eso le permiten seguir dando vueltas por ahí, porque todos le hacen creer que sus palabras tienen un peso, que sus cálculos políticos son geniales, que nadie puede con él, pero así también lo mantienen tranquilo, porque todos saben que no pasará nunca de las palabras, porque saben que si llegará a morder, su ataque sería inofensivo. Y eso en el fondo, él lo sabe, y es lo que lo vuelve patético. Se conformó con saber erizarse, con jugar al juego de la vieja y astuta serpiente, que todo sabe y todo comprende, para así poder ignorar su fracaso y su renuncia a los valores y los ideales que hacían de él nuestro líder. No Nuspano. Nada de lo que él pueda decir es una opción, porque es un ídolo caído, por que se traicionó a sí mismo, porque nos tracionó.

-Pero, pero... ¿de verdad piensas eso?

- Y tú ¿de verdad crees todavía en él?

-Sí, la verdad sí.

-Entonces escuhame. El viejo no sólo es la serpiente desdentada y patética que acabo de describir. Sino que te ha vendido. A cambio de unas cuantas monedas vendió tu voto al coronel y su banda de traficantes, porque estaba completamente seguro de conseguirlo. Y eso lo sé de buena fuente. Tengo un espía en el corazón de los republicanos.

Nuspano miraba fijamente al muro. Era como si su primo no estuviera ahí. Veía la fachada inmunda y el asqueroso tráfico que ocultaba. Estaba en la mierda. En el centro de un mundo de mierda. Un mundo que bien merecía ser destruido, destrozado, barrido por el viento, reducido a escombros. ¿Pero era posible? ¿Era posible tomar el poder y con él crear un mundo nuevo? ¿Acaso no había apenas descubierto que el poder era como un niño?

-Y dime Navedo ¿Qué demonios significa tomarse el poder?

- ¿Cómo qué significa? Tomarse el poder es tomarse el poder. Disolver el congreso por la fuerza, arrestar al rey y nombrar nuevas autoridades que gobiernen el país, y esas nuevas autoridades serán el nuevo poder, y serán ella quienes construyan el mundo nuevo que desde hace ya demasiado tiempo soñamos.

-No, no es posible. El poder no es sólo el parlamento, no es sólo el rey. Está en todos lados. Ocuparás el Estado sólo para darte cuenta que deberás seguir luchando, en todas partes, para mantener ese efímero poder que tus nuevas autoridades conquistarán.

-No importa. Estamos preparados. Y si hay que seguir luchando, entonces seguiremos luchando. Los aplastaremos, como aplastaremos toda oposición aquí en Bálnica. Nuestra revolución no fallará. Pero para que triunfe necesitamos tu voto.

-¿Qué tiene que ver mi voto?

-Apoyando la guerra, el gobierno llamará a los armadas locales a acuartalarse en la ciudad, para prestar juramento de persona al rey. Y esa será nuestro momento. Gran parte de los regimientos de Dodara y varios de los de Eojt se encuentran contralados por nuestros hombres. Y en los regimientos de Bálnica tenemos agentes prontos a tomar el lugar de sus oficiales para dirigir la revuelta. Una vez estén todos acá, en la capital, se sublevarán y ocuparán los centros estretégicos, unidades entrenadas especialmente arrestaran al rey y a los senadores. En un día el poder pasará a nuestras manos.

-Hablas como si nadie fuera oponorse. Los dos sabemos que no será así. Será una masacre.

-La cantidad de muertos variará a partir de la eficacia del efecto sorpresa y de la resistencia que encontremos. Mientras más brutal sea el golpe al inicio, menos serán aquellos que quieren oponerse a nuestra fuerza luego. La violencia es necesaria, es la fuerza creadora de nuestro nuevo mundo, será nuestra violencia la que acabe con todas las violencias.

-Ni el rey ni los senadores se dejarán arrestar. Son demasiado orgullosos.

-Lo sabemos. 'Arrestar' es en el fondo un término técnico. Lo que quiero decir es que serán ajusticados. No dejaremos con vida a posibles líderes de la opsición. Si la primera vez golpeamos con la suficiente fuerza, no necesitaremos golpear una segunda vez.


El sonido del puño de la mano derecha de Navedo al golpear la palma de su otra mano, resonó potente en toda la habitación. Y de pronto Nuspano pudo verlo todo con claridad. La corrupción, el ego, la opulenta decadencia de sus enemigos, la arrogante sed de riqueza, la ciega ira que empuña la venganza como un arma envenedada e invencible, lo vio todo, vio el mundo entero a su alrededor que se desmoronaba. Una realidad que caía a pedazos, y la sangre que corría como un río por entre sus grietas. Vio el centro de las tinieblas. Y sintió miedo. Y repulsión.

-No primo. No seré cómplice de esta masacre.

-No debes tener escrúpulos, no puedes permitírtelo. Si queremos sepultar esta sociedad que nos repugna, no podemos darnos el lujo de tener escrúpulos o de probar piedad por el enemigo. Quien quiera escribir la historia, debe estar dispuesto a derramar la sangre. Derramarla y dejarla correr. No hoy otro modo.

-La sangre llama a la sangre. ¿Cómo reconocerás el momento en que podrás dejar de derramarla?

-Lo sabremos, pero lo importante no es eso. Lo importante es que el momento ha llegado y que la causa del pueblo llama a sus hijos mejores.

-No, ya te lo dije. No seré cómplice de esta masacre.

-¿Nos abandonas?

-No, no abandono a nadie, simplemente renuncio.

-¿Renunciar? ¿A qué?

-A todo.

-No, Nuspano, no. Estás desvariando. Pero te entiendo. Está ha sido una jornada agotadora, más que cualquier otra en tu vida probablemente, y te entiendo. Pero sabes que no puedes renunciar. Porque sabes que renunciar equivale a traicionarme, y tú nunca, lo sé, podrías traicionarme. Pero tranquilo, te entiendo, aún hay tiempo. Mañana temprano pasaré de nuevo para que ultimemos los detalles. Tranquilo, la victoria será nuestra.

domingo, 8 de agosto de 2010

Vientos, Desvanecido desvelo

Vientos

Ir, por el viento
azotado en la tormenta

Arrastrado,
más allá de todo límite

Murmullos
Murmullos azotados en esta corriente que a la tormenta me arrastra

Hasta el milagro ilimitado del hallazgo

El encuentro
Con el fluente murmullo del destino
Ahí
Se murmuran, a sí mismos
los vientos

Los vientos,
desde el ojo del huracán, murmurados
liberados,
al murmullo indómito de la tempestad
lloviéndose, a cántaros, en el temporal

Los vientos,
sellando el sino del silencio



el viento, desde el ojo del huracán,

murmurado



Desvanecido Desvelo


En el delirio
Habitar

Más allá del ojo negro, de sus pestañas de cristal
que los huesos trituran


desvelarnos

En las antípodas
Habitar


Más allá del alquitrán y su respiro, que los contornos dibujan


sobrevolar


En la fragancia del estío
En el perfil del recuerdo
En el giro abrupto de las siluetas
De las velas al viento
De las hormigas
De la ciudad diluida en su fermento


Desvanecer…
Desvanecernos

viernes, 11 de junio de 2010

La República de las Tres Islas, CAP. VI

La República de las Tres Islas, Capitulo VI

Indice:







Acababa de prender una vela, cuando sintió pasos un tanto torpes pero apresurados en el antedespacho. Terminó de sorprenderse cuando vio precipitarse por su puerta, visiblemente agitado, a Gadaré Untié.

Su cara estaba roja, respiraba con dificultad y sus ojos expresaban un extrañísimo fulgor, como si estuvieran presos, de alguna forma, por el éxtasis y el frenesí. Percibió al mismo tiempo también, gritos en la lejanía, correrías por los pasillos, era como si de improviso, la actividad del congreso, que se adormecía, hubiera despertado de golpe. Algo sucedía. Algo grave.

-¡Nuspano! Nuspano!- Gritó el anciano. Mientras se acomodaba en una silla. –No sabes lo que ha pasado –prosiguió, apoyándose una mano en el corazón, intentando recobrar la calma. El joven en tanto, lo observaba atónito, esperando una respuesta.

-Mataron a Ránmoncoo, ese gusano traidor que cambió su voto a última hora… ¿te das cuenta?

Nuspano se derrumbo sobre su propia poltrona, cubriéndose la cara con la palma de sus manos.

-No puede ser… el baño de sangre… pero tan pronto… ya comenzó- balbuceó con un hilo de voz, reviviendo en su mente las imágenes de su reciente pesadilla.

Gadaré, que en realidad no le prestaba demasiada atención, prosiguió con su discurso preso del entusiasmo.

-¿Pero no te das cuenta? Ahora los bandos están una vez más empatados. Podemos reemprender las negociaciones, es más, según los rumores más atendibles el duque de Pegnopis firmará esta misma noche un decreto para aplazar la elección en tres días. Con ese margen de tiempo, podremos conseguir más votos y asegurar nuestra entrada en la guerra, y si no los conseguimos por las buenas, entonces los compraremos, tenemos también el tiempo ahora para conseguir más fondos. Mañana mismo, a primera hora, te traeré un listado de personas con las cuales debes por fuerza entrevistarte. No, no, es mejor reunirnos nosotros primero y analizarlos en detalle, todos tienen intereses distintos, será necesario ofrecerles distintas garantías, pero créeme hijito, puede hacerse.

Nuspano no pudo no sentir una cierta incomodidad ante el apelativo de hijito, con el que una vez más lo llamaba el líder del partido. Algo no cuadraba para él.

-Pero… no lo sé… ¿no es usted tal vez el que no se da cuenta? Acaban de matar a alguien, alguien a quien los dos conocemos y parece no importarle…

-Sí, sí, claro que me importa, pero no es lo relevante ahora…

-¿Y que es lo relevante entonces? Estamos hablando de una vida que acaba de perderse…

-Que podemos seguir negociando, eso es lo importante. No es el momento de mirar a los detalles… sí, es una vida, pero una de tantas, muchas más se perderán, la historia es así, se escribe con sangre…

-No estoy de acuerdo-

-Está bien, está bien hijito, te noto demasiado turbado y cansado. Es mejor que hablemos mañana en la mañana.

Desde su sillón, alumbrado por la tenue luz de la vela, observó como se perdía tras la puerta.

Algo extraño le sucedía. Sintió del todo ajenas las palabras del anciano. Era como si la última pieza de un rompecabezas se hubiera roto en mil pedazos y el rompecabezas no sirviera ya siquiera de adorno. O haciendo más bien que el único sentido posible al que pudiera aspirar fuera uno capaz de asumir esa mutilación, esa falta de lo esencial. La ausencia de esa parte que transforma el resto de las partes en una sola totalidad.

El baño de sangre comenzaba y a nadie parecía importarle. Era como si la ética hubiera quedado suspendida. O supeditada a la política. Al poder. Ni siquiera el anciano Gadaré, a quien había admirado durante toda su vida, podía percibir esa línea que se estaba cruzando.

El mundo estaba deslizándose lentamente hacía un abismo donde reinaría la violencia, y al parecer todos se empeñaban en darle pequeños e imperceptibles empujones. Cada desprendimiento, cada resquebrajamiento de eso que Nuspano entendía como ética o como moral, cada soborno, cada mentira, cada desprecio por la vida, aceleraba ese deslizamiento inexorable.

Y el poder volvía a sus manos. Ese extraño poder de decisión… ese poder que había sido casi perceptible y que se había desvanecido en la nada sólo unos momentos atrás. ¿Pero existía realmente tal poder? Si es que existía se diluía, se escurría entre sus dedos, se esfumaba entre la retórica, las presiones y sobretodo en el verdadero resultado que su decisión acarrearía. Apoyar a los republicanos, era abrir conscientemente las puertas a una jauría de lobos hambrientos y ávidos de riquezas, que prometían, sin demasiadas garantías, la realización de la lucha de décadas de su partido… un paso atrás para dar dos hacia delante, había dicho el viejo, un cálculo, un frío cálculo, ¿pero ese paso atrás valdría la pena? ¿No serían tal vez cien pasos hacía atrás? Apoyar a los conservadores en tanto, no era evitar la carnicería, era sólo aplazarla, era por otra parte, doblegar sus ideales, entrar en el mundo de la riqueza y la ostentación… Parecía entender la opción de Untié. Al fin y al cabo, los republicanos les daban la opción de seguir creyendo que actuaban en consecuencia con sus principios, todo podía justificarse, diciendo que era en pos de la utopía. Y entonces: ¿un poder para decidir qué? Si a final de cuentas era todo como un callejón sin salida. Si es que había un poder, se desgarraba entre todas las posiciones adoptables y todos los resultados posibles, como la neblina barrida por el viento.

martes, 25 de mayo de 2010

Astillas en las bodegas, Que germine en mis versos la flor

Astillas en las bodegas

Se hace astillas el canto en mis huesos

Se astilla como incertidumbre
Incertidumbre en la niebla impregnada

Y veo sólo un tambaleante puente sobre un abismo
Oigo sólo un canto fracturado

Fractura que ordena el fragor

Fragor que fragua

Fragua que forma

Forma campanas

Campanas que prodigan su canto

Como astillas

Afiladas y duras

Astillas de granadas

Que se esparcen y hieren

la repudiable quietud

la oscura e indigna bodega de la rutina




Que Germine en mis versos la flor


Que germine en mis versos la flor
Que se abran
a la brisa
los versos

Que broten
uno tras otro
los pétalos en la hoja


Que como el viento vayan
como polen
los versos

Que viajen
desede el fértil vientre de la tierra
hasta la celeste promesa del cielo
desde el capullo

hasta este el fin del poema

Las palabras

martes, 11 de mayo de 2010

Fuego: El lagarto y las llamas, Caminar hacia el viaje

Saludos a todos! les dejo con dos nuevisimos poemas, uno no tanto, de hecho el lector atento notara la reutilizacion de viejo material! Bueno, la idea es que estos dos poemas formaran parte de una de mis antologías, esta estará dedicada a los temas del misterio y la busqueda! saludos a todos! no tengo mucho tiempo por ahora para pasar a saludar a mis amigos "bloggeros" apenas puedo, paso y comento! paciencia!

Fuego: Las llamas y el lagarto

Llamas
Prende fuego la ciudad
El calor derrite las veredas
Incinera a la luna una llama

Incandescente
el mundo se vuelve

Ardemos
en nuestro pequeño apocalipsis


(Arden también
las raíces profundas de la tierra
donde el lagarto verde
se enrolla sobre sí mismo
se muerde la cola
se hace fósil
)


Prende fuego la existencia
Hasta el cielo mil lenguas de fuego se alzan

El último átomo del universo ARDE


Se desenrosca el fósil

RENACEMOS.

Caminar hacia el viaje

Caminar al epicentro de mis entrañas
Dejar atrás la fragilidad
Llegar más allá del engaño

Ser nudo de horas y de pasos
Ser tropiezos y gritos

Caminar hacia el viaje
El movimiento perpetuo de las almas

Ser el eterno viandante
El enigma descifrado


Caminar hacia el viaje
El jeroglífico en mi pecho
Incommensurable intensidad
Consumada
Devorada
En la larga letanía de los cielos:
los estratos nubosos de mi mente

Caminar al centro de mis entrañas
La púrpura explosion de la vida
Los espirales que sostienen al mundo

Ser camino
La urdimbre que se libera de la brea
Ser átomo arrojado al vacío
Ser frase aíslada en el texto
Ser el sentido
único habitante de las cavernas


Ser


El imposible nudo de mi carne

El jeroglífico en el cielo

El ave del paraíso y su eterno vuelo


Planeamos
Planean
Dentro de mí


Mis entrañas


el lagarto